martes, 18 de noviembre de 2008

EL VUELO 777 DE KLM

Hola, amigos:

Vamos con una historia de espias y Mata-Haris que sucedió en la España franquista:

1 de Junio de 1943. En plena Segunda Guerra Mundial, una patrulla de Junkers 88 alemanes que sobrevolaba el golfo de Vizcaya localiza el vuelo 777 de la KLM (aerolineas holandesas) y se lanza en picado tras él. Las metralletas desgarran el fuselaje del avión y los Junkers siguen hasta el mar la caída en barrena de su presa. Mueren el piloto y los 13 pasajeros, entre ellos Leslie Howard (Londres, 1893), estrella de Hollywood de viaje por la península en una gira de conferencias sobre cine.

Después de 60 años, sigue siendo un misterio por qué la Luftwaffe se cebó con un avión de pasajeros que cubría la respetada ruta Lisboa-Bristol.

En un principio se aventuró la hipótesis de que los alemanes confundieron al representante de Howard, Alfred Chenhalls, con el primer ministro británico Winston Churchill, por esas fechas reunido con Eisenhower en Argelia, pero la perspectiva de análisis cambió desde que en 1984 el hijo de Leslie recopiló en una biografía de su padre documentos ingleses y alemanes que probaban que el ataque estaba dirigido contra Howard, ya que sospechaban que el intérprete trabajaba para el servicio de inteligencia británico como propagandista, informador... y espía.

Actor, pero también director y autor de cine y teatro, Howard ha pasado a la historia como Ashley, el amor imposible de Escarlata O'Hara en Lo que el viento se llevó. Cuando el cerco de Hitler sobre Inglaterra se endureció, el galán regresó a su país natal, donde se concentró en una intensa campaña de propaganda para convencer a Estados Unidos de que debía intervenir en Europa.

Anthony Eden, secretario del Foreign Office, encontró en marzo de 1943 una misión especial para él. El Gobierno británico le invitó a impartir una serie de conferencias en España y Portugal. El actor era una cara conocida y había que fomentar la popularidad de los aliados para evitar que la neutral España de Paco Franco se decantara por el eje Berlín-Roma.

Las cartas que Eden envió a Howard demuestran que lo tuvo difícil para convencer a un hombre hipocondríaco y atemorizado por los peligros de la misión.

Llegó a la península el 28 de abril de 1943. Primero pasó por Portugal. Luego, los círculos anglófilos del triste Madrid de posguerra recibieron a Howard como un dios. Fue la estrella de recepciones, corridas de toros y juergas flamencas. Sin embargo, sus conferencias no fueron tan populares como en Portugal: la implantación de las simpatías nazis a través de falangistas y tradicionalistas era demasiado fuerte. Aun así, consiguió introducir una inyección de moral en los partidarios de los aliados en España y se dedicó a entrevistarse con miembros de la propaganda británica y autoridades españolas.

Los alemanes desconfiaban de un Franco que ya no parecía tan dispuesto a favor del Eje. Sospechaban que los aliados querían atraerlo a su bando a través de una estrella de cine muy comprometida en la guerra y les llamaba mucho la atención el comportamiento y la actitud nerviosa de Howard. El jefe de propaganda y prensa de la Embajada alemana, Hans Lazar, un excéntrico judío de Constantinopla que gobernaba el espionaje y controlaba las hojas parroquiales de todo Madrid, recurrió a bellas vampiresas para sonsacar a un Leslie Howard que solía flaquear ante un escote como Dios manda.

La más que justificada fama de donjuán del actor dota de verosimilitud a la idea de que una Mata-Hari le rondara. Las sospechas apuntan hacia la condesa Mechtild von Podewils, una noble alemana con grandes relaciones en el régimen, pero sobre todo hacia una actriz española: Conchita Montenegro.

Donostiarra, nacida en 1912, la actriz llegó a Hollywood en 1930 después de posar para el pintor Zuloaga y escandalizar a media Europa con su desnudo en la película francesa La mujer y el pelele. Intérprete de gran belleza, tuvo muchos amantes y se relacionó con figuras como Chaplin o Buster Keaton.

En 1931, con 19 años, coprotagonizó Prohibido con un casi cuarentón Leslie Howard. Según parece, el romance en pantalla entre un marino y una princesa del Pacífico dio paso a una historia que se mantendría durante más de una década.

El contrato de Montenegro con el estudio Fox expiró en 1935 y la actriz volvió a Europa. Estaba en España cuando hizo la gira Leslie Howard y en 1944, sólo unos meses después del derribo del avión, se casó con el diplomático Ricardo Giménez-Arnau y se retiró abruptamente del cine. A partir de entonces se refirió siempre a la interpretación como un "pecado de juventud" y apenas concedía entrevistas.

Poco antes de morir en 2007, en un encuentro con el autor del libro "El vuelo de Ibis", Rey-Ximena, en su residencia geriátrica, reconoció su relación con Howard y que la intención del viaje de éste fue entrevistarse con altos cargos del régimen, pero no dijo nada de ninguna misión secreta, y por supuesto no dijo nada acerca de si intervino ella para sonsacar a Howard.

El caso es que los alemanes estaban convencidos de que el actor había espiado en España y podía llevar información importante acerca de Franco y el régimen, así que decidieron actuar como ya sabemos. La noticia del derribo del vuelo 777 fue un duro golpe para la moral británica. El Gobierno condenó el ataque como un crimen de guerra. La última gran aparición de Howard había sido el 21 de octubre de 1942, el Trafalgar Day. El actor se caracterizó como el almirante Nelson y se despidió de Londres en el papel del héroe de guerra muerto en el mar, como él mismo ocho meses después en la costa española.

Gracias: Libro El vuelo de Ibis. Rey-Ximena. El País.

Besos a tod@s menos a una.





lunes, 17 de noviembre de 2008

NO HAY NADA PEOR QUE... (Tercera parte)

Hola, amigos:

He tenido unos dias muy intensos y no he podido actualizar el blog, pero vamos con la esperada tercera parte de mi vicisitud médica.

Tras el dolor físico de los pinchazos llega la tortura mental, porque no sientes nada, no ves nada, pero lo oyes absolutamente todo. Cualquier sonido parecido a una tijera cortando te pone los pelos de punta, y en esas circunstancias todos los sonidos lo parecen. Ahí te das cuenta de que el hombre y su pene son como dos hermanos gemelos, que cuando uno está ausente el otro lo echa de menos, y cuando uno de ellos sufre el otro también lo hace.

Tieso como un ciruelo, mirando al techo y suplicando el fin de la tortura, los minutos pasan con lentitud, como la espera frente a un baño ocupado cuando te estás haciendo caquita.

Ya está - oigo - Aaaaarriba.

La cortinilla desaparece como por ensalmo y me apresuro a mirar por debajo de mi ombligo para constatar que mi amigo está oculto en un vendaje blanco, y parece medir al menos cuatro veces mas de lo que medía.

Los puntos se caen solos, chaval, ya hemos tocado todo lo que teníamos que tocar... y ha quedado bien, no te preocupes.

Y yo no me preocupo, porque aunque la anestesia impide sentirlo, sé que mi pene está de vuelta conmigo, a salvo, y juro por lo más sagrado que nada ni nadie volverá a hacerle daño. Miro a la enfermera anestesista, que sigue sonriendo, y le digo con la mirada que me he quedado con su cara, que me vengaré.

Ella sostiene el cruce visual con solvencia y sonríe un poco más si cabe, lo que me aterroriza hasta los huesos, porque parece dar a entender que aún no ha terminado conmigo. Instintivamente protejo a mi amigo tapándolo con las manos y me voy hacia la salita blanca y fría donde comenzó todo.

Entonces oigo la voz cantarina pronunciar una frase horripilante.

Aún no he terminado contigo, chaval.

Lo que hace que me tiemblen las piernas y que una caquita pugne por alumbrar el mundo. Imagino que también estoy a punto de hacerme pipí, pero no siento mi pene por la anestesia.

¿Pe...pe...perdón ?

Que voy a abrocharte la bata, hombre, que se te ve el culo...

Y se descojona mientras me acerco a ella dándole la espalda para que me abroche la puñetera bata, rumiando una venganza infernal y dando la bienvenida a un odio que presumo será eterno.

Por fin salgo del quirófano, andando muy despacito, sintiendo la mirada de la enfermera sádica clavada en mi nuca, cometiendo el error de echar un último vistazo atrás porque solamente sirve para comprobar que sigue sonriendo.

El tiempo entre la salida del hospital y mi llegada a casa transcurre en una nebulosa, y solo tengo un vago recuerdo de un almuerzo frugal antes de echarme una siesta en el sofá, para recuperarme del mal rato y las malas noches pasadas.

Lo que recuerdo perfectamente es el despertar.

Abro los ojos, aún estoy somnoliento.

Oigo una música.

Es la televisión, encendida por mi madre.

Se trata de una pausa publicitaria. Un anuncio.

De una tia rubia en pelotas corriendo por una playa, desodorante Fa, limones salvajes del caribe.

Horrorizado, compruebo que mi pene se pone contento, ajeno por completo a los puntos de sutura que adornan su prepucio.

Intento evitar la catástrofe mirando hacia la estampa del corazón de Jesús, pero llego tarde.

Mi pene intenta erguirse en todo su esplendor, pero los dieciseis puntos se tensan y tiran de las entrañas de mi maltratado amigo. Así, mientras pugna por rendir pleitesía a los limones caribeños y su ninfa promocional, un dolor insoportable invade mis genitales y en décimas de segundo se apodera de todo mi cuerpo.

Entre lágrimas, veo el rostro de la rubia de Fa al final del anuncio; la veo cambiar sus rasgos, la veo transformarse en la enfermera anestesista y sonreir.

Era verdad. No había terminado conmigo.

Besos a tod@s menos a una.



lunes, 10 de noviembre de 2008

NO HAY NADA PEOR QUE ... (Segunda parte)

Hola, amigos:

El anterior post lo dejamos en la bata verde formando la tienda de campaña. Con el eco de la risa del enfermero cabrón. Pensando en cómo se tomarían los médicos que aquello estuviera tenso como una pandereta por culpa de una mente pervertida y perversa (en este caso la mente del enfermero, no la mía).

La teoría de Albert Einstein acerca de la relatividad del tiempo se manifestaba en toda su crudeza en esos momentos de espera solitaria, sentado en aquella salita blanca y fría. Al cabo de lo que para mí fueron horas y para el resto de la humanidad 2 minutos se abre la puerta y asoma la cabeza de una mujer muy guapa que me sonríe y me dice con voz cantarina: Vamos, que te toca.

Verá, señorita, es que... no sé como decirle... no puedo.

¿Qué te pasa ? ¿No me dirás que tienes miedo ?

No... bueno, sí, un poco... pero no es eso, es que... yo...emm...

Y decido descruzar las piernas y levantarme porque no sé cómo explicar que la tengo dura como la cara del Conde Lequio y prefiero que saque sus propias conclusiones acerca mi apuro.

Así que es eso... No pasa nada chaval, estamos acostumbrados. Verás como se te pasa enseguida. Anda, entra.

Y sonríe.

Y a mí no me gusta un pelo esa sonrisa, y todavía menos el brillo de su mirada al pronunciar la palabra "enseguida", pero entro.

El quirófano es pequeño, blanco, muy luminoso. Dentro hay dos médicos y la enfermera anestesista que me esperan de pie al lado de la camilla. Y allí estamos mi erección y yo tumbándonos. Yo pienso que en cualquier momento mi amigo dejará de despedir calor y latir, pero no hay manera de que aquello baje. En cuanto estoy tumbado, despliegan una cortinilla verde por encima de mi ombligo. Un médico se sitúa tras mi cabeza y apoya sus manos sobre mis hombros con suavidad, relajándome un poco. Lo veo como si estuviese cabeza abajo y me sonríe cálidamente, haciendo que me sienta reconfortado por primera vez en horas.

Te han explicado que es anestesia local, ¿no ? - dice la voz cantarina, oculta tras la cortinilla.

Sí, señorita.

¿Preparado entonces?

Umm... más o menos

Y en cuanto termino de pronunciar la palabra "menos" el médico a mi cabeza presiona con fuerza mis hombros hacia abajo, noto como sujetan firmemente mis piernas y la enfermera me pone la anestesia local, clavando la aguja de una jeringa en la mismísima punta del glande.

Me quedo sin aire.

Dolor no es la palabra.

Me pongo tieso como un filete de ternera barato, suelto el alarido más inhumano que garganta alguna sea capaz de producir y con el mejor acento castellano que haya salido de mi boquita jamás, pronunciando bien todas las letras, le digo a la enfermera de la voz cantarina:

¡¡¡¡¡ HIJA DE LA GRAN PUTA !!!!!!

A lo que me contesta - vamos, vamos, que el segundo pinchazo ya duele menos.

Entonces comprendo que sobran las palabras con aquella dominatrix viciosa. Suelto dos lagrimones grandes como marmolillos de una catedral y siento claramente cómo, tras el segundo pinchazo, mi amigo deja de expedir calor y latir, por lo que supongo que ya no está erguido.

Tal vez ha muerto para siempre, así que me abandono y dejo a mi mente flotar en una nebulosa deseando desesperadamente que dure toda la operación.

Y continuaremos la historia, con la tercera y definitiva parte en un próximo post.

Besos a tod@s menos a una.

viernes, 7 de noviembre de 2008

UN PIRATA ESPAÑOL

Hola, amigos:

Antes de continuar con mi vicisitud médica, permitidme este post dedicado expresamente a Patricia, que me pidió ayuda en su búsqueda de piratas españoles, ya que todos los conocidos son ingleses, holandeses o franceses. Encontré varios, con vidas poco interesantes en general, salvo uno: Pedro Niño. Su historia es poco conocida porque tiene lugar mucho antes del Descubrimiento de América, en una época donde apenas se consignaban hechos históricos por escrito... porque casi nadie sabía escribir.

Con permiso de Patri para publicar esto, comenzamos.

Don Pedro Niño ( también llamado Pero Niño ), nació en 1378, en una familia noble venida a menos por dos razones: Su descendencia bastarda nada menos que de nuestro Rey Sabio, don Alfonso X, y de su apoyo a Pedro I durante la Guerra Civil contra Enrique, el fundador de la dinastía Trastamara.

Sin embargo, su educación caballeresca quedó garantizada por una infancia cortesana junto al príncipe, futuro Enrique III, y una adolescencia bajo un importante padrino: el condestable Ruy López Dávalos. Su ímpetu, buena presencia y fortaleza física le hicieron destacarse en sus primeras acciones armadas, en las que el rey hizo frente a un puñado de nobles levantiscos utilizando el procedimiento religioso favorito de la época: las ostias, y comenzar a rondar a las damas con intenciones muy cercanas a las de llevárselas al huerto.

Con veinticinco años, recibe el encargo de una expedición para pelear contra los piratas del Mediterráneo, con muy buenos resultados, en lugares tan lejanos entre sí como Orán, Túnez, Cerdeña y Marsella.

Pero lo más interesante comienza con la expedición atlántica encomendada por el monarca, entre 1405 y 1406, en apoyo del rey francés Carlos VI contra el rey de Inglaterra, Enrique V.

Con tres galeras, Pedro Niño es recibido en el Puerto de La Rochelle por el Condestable de Francia, Charles de Lebret. Allí, ante la evidente incapacidad de los franceses de pronunciar "Pedro" comienza a acostumbrarse a que lo llamen "Pego" o "Pero", y a continuación lanza una terrible ofensiva que destruye toda la zona existente entre esta ciudad y Burdeos, que estaba en manos inglesas. Finalizada la ofensiva, y en vista del valor demostrado, Charles de Savoisy, chambelán de Carlos VI, le propone asociarse en corso, es decir, practicar la piratería exclusivamente contra los ingleses, recibiendo una soldada del Rey de Francia y participación en los beneficios.

Con cinco galeras, navegan hacia la costa enemiga, hasta Cornualles, quemando Saint-Ives, donde capturan dos naves que Pero Niño envía a Harfleur. Merodeando entre Darthmouth y Plymouth, decidieron el asalto y destrucción del pequeño puerto de Portland, y acto seguido saquearon y destruyeron Poole, patria del afamado pirata Harry Pay. Finalmente, antes de volver a invernar a la localidad francesa de Sérifontaine, cerca de Ruán, en un audaz golpe de mano remontan el Támesis (una auténtica hazaña) y saquean los alrededores de Southampton, aunque no llegan a Londres.

Al llegar el otoño y el mal tiempo, regresa a Francia, donde es aclamado como un héroe y pasa el invierno en medio de actividades cortesanas, enseñando a las damas francesas cómo se las gasta un caballero español entre sábanas, como cuando en la localidad de Sérifontaine, en un lujoso palacio, esperaba la muerte el anciano caballero Renaud de Trie, Almirante de Francia y Consejero Real. Conocedor de la empresa de nuestro héroe, le invita varios días a su mansión. Allí, don Pero conoce a la joven y bella esposa, Jeanne de Bellengues... a la que instruye afanosamente en el juego del Teto, provocando el mayor escándalo de la época. Tras esos intensos días, Pero Niño acude a la Corte, a París, a cobrar su soldada, y es recibido afectuosamente por los duques de Orleáns y Borgoña.

La fama cortesana de nuestro héroe aumentará cuando participa en la prueba de quiebra de varas, simulacro de torneo muy de moda en la época, en la plaza de “La Pequeña Bretaña”, donde hoy está el Louvre. Y sobre todo cuando decide participar en el torneo de la plaza de “La Costura de Santa Catalina”. Más de cien caballeros de punta en blanco, es decir, cubiertos por la impresionante armadura de más de treinta kilos de la época, se abalanzan unos contra otros en un impacto brutal. Al caer la noche, sólo uno de ellos, con el rostro cubierto por el yelmo, permanece en pie. Las multitudes de París aguardarán hasta medianoche para ver la cara descubierta del campeón de Castilla.

Regresa el buen tiempo y con él comienza la última fase de la campaña. Pero Niño zarpa con sus naves de Ruán, y se reúne con Savoisy en Harfleur, donde acuerdan saquear las costas inglesas del mar del Norte. Sin embargo, las tormentas les impiden su ojetivo, alejándolos a costas belgas (La Esclusa) e impidiendo su enfrentamiento con naves inglesas. Los desperfectos son tan grandes que Savoisy, en el puerto de Gravelines, abandona la expedición.

Recobrando los ánimos, Pero Niño navega hacia costas normandas y allí encuentra al caballero bretón Héctor de Pontbriand, quien le propone asociarse para atacar la isla de Jersey. En total ambos líderes comandan unos mil hombres de armas. Tras el desembarco, nuestro amigo recibe el mando de castellanos y bretones, y dispone al ejército para la batalla. Y no se trata de ninguna tontería: la isla cuenta con la protección de tres mil guerreros ingleses, doscientos de ellos a caballo. El desordenado ataque inicial inglés es detenido en seco por los aliados, pero a continuación la situación se complica. En medio de la masacre, Pero Niño, su lugarteniente Gutierre Díaz de Games y un grupo de guerreros castellanos rodean las líneas inglesas y se lanzan contra su retaguardia, abatiendo el pendón de San Jorge y acabando con Jacquot de Vinchellez, el oficial real. La desbandada inglesa fue absoluta y don Pero hubo de mantener por la fuerza a sus hombres ordenados, evitando la matanza de prisioneros. Informado de la presencia de varios castillos con más tropas por la zona, los aliados deciden aceptar el rescate que la población les ofrece a cambio de sus vidas: diez mil coronas, una fortuna enorme para la época.

Satisfechos con el resultado, la expedición regresa a Francia, a Brest, donde Pedro Niño, requerido en Castilla, envió mensajes de despedida al Rey y los duques franceses. Acompañado por Robert de Braquemont y el obispo Saint-Flour, embajadores galos, desembarcaron en Santander, y tras una breve parada en su casa de Valladolid, llegaron a la Corte en Madrid, donde don Pero fue colmado de honores y armado caballero por el propio Rey.

Protagonizó un sonado escándalo al enamorarse, cortejar y hacerle la caidita de Roma a Beatriz, hija del rey Pedro de Portugal, que estaba en custodia del propio rey de Castilla. Casi cuesta una guerra civil, pero consigue casarse con ella. A raíz de su matrimonio cambia de vida, se vuelve apacible, y permanece junto a su esposa en sus tierras del condado de Buelna hasta su muerte en 1453.

Gracias, Patri, por la inspiración, y espero que por una participación generosa en los beneficios de la apuesta.

Besos a tod@s .

jueves, 6 de noviembre de 2008

NO HAY NADA PEOR QUE... (Primera parte)

Hola, amigos:

"No hay nada peor que un dolor de muelas".

"No hay nada peor que una patada en los huevos".

Mucha gente acostumbra a relatar una mala experiencia comenzando con la frase del título. Yo sólo puedo continuar este encabezamiento con lo siguiente: ... operarte de fimosis.

Se veia venir desde pequeño. Si mi simpatía, humor, inteligencia y talento desbordaban todo mi ser, mi pene tenía que desbordar por fuerza su continente, ese trozo de piel opresivo que le impedía alzarse con toda su fuerza, vigor y esplendor.

¿Y qué hacemos? - le pregunto al médico.

Pues cortar la piel que sobra - me responde.

En ese momento mi cara cambia de color, una tonelada de saliva pugna por pasar por la garganta, un escalofrío recorre mi columna vertebral y el pene intenta refugiarse minimizando su tamaño como una nómina con el cambio de la peseta al euro.

Se hace con anestesia, por supuesto. No duele casi nada - dice consciente del malestar general que me ha generado su solución - Además es anestesia local, no hace falta dormirte, así que no te preocupes.

Y tú de momento no te preocupas, porque estás intentando salir del estado de shock que te ha producido oír la palabra "cortar" asociada a tu pene. Pero llegas a tu casa, dándole vueltas a la cabeza, y en mitad de la noche te despiertas por enésima vez y caes en la cuenta de que el médico ha usado las palabras "casi nada" y "anestesia local", lo que significa que al menos algo duele y, lo que es peor, QUE VAS A ESTAR CONSCIENTE TODO EL PROCESO.

Estoy en disposición de asegurar que mi conjunto pene/testículos jamás ha tenido un tamaño más ínfimo y desolador como en aquellos momentos. Y ya me dolía todo por anticipado.

Mi vida se convirtió en un infierno. Los días se iban a la velocidad de la luz, pero las noches pasaban lentas. Algunas veces permanecía horas despierto con los ojos abiertos como un búho; otras tenía pesadillas en las que mis espermatozoides se rebelaban y se declaraban en huelga de cola caída porque su camino al cielo, el pasillo a su jardín del Edén rebosante de óvulos por fertilizar, iba a ser mutilado.

Por fín llega el día. En la sala de espera coincidimos 5 personas con el mismo diagnóstico, que parecemos muñecos de cera de lo blanco que estamos, acojonados. Miles de preguntas se agolpan en la cabeza.

¿Queda mucho para que nos llamen? ¿Quién será el primero?

Una gotita de orina se escapa.

¿Qué haré con los calzoncillos? ¿Se verá la mancha?

Una caquita pugna por salir.

Por Dios, ¿queda mucho para que me llamen ?

En ese momento, cumpliendo fielmente aquel axioma de "cuidado con lo que deseas porque es posible que te lo concedan", me llaman, y paso a una sala acompañado por un enfermero, que me da una bata verde que se cierra por detrás cuando me van a operar por delante. Me recuerda que debo quitarme toda la ropa interior y me comenta como de pasada que LA anestesista es toda una garantía y que además está buenísima.

¿Y eso a que viene? - le digo.

Pues que si el medico estornuda, se le va el bisturí y corta más de la cuenta, al menos habrás tenido una última erección.

Y se descojona.

Es broma - me dice - Es para que te relajes, hombre. Y concéntrate en no tener la erección.

Y se va. Dejándome solo. Descompuesto. En proceso de cumplir fielmente esa norma no escrita pero puntualmente seguida de hacer lo que te acaban de decir que no hagas, es decir, con una de las erecciones más escandalosas de mi vida agravada por el hecho de que no había ropa interior, sólo una bata verde, fina, que a la altura de mis genitales había tomado la forma de una tienda de campaña.

Continuará...

Besos a tod@s

martes, 4 de noviembre de 2008

TOP LOS MAS HIJOS DE PUTA

Hola, amigos:

Lamentablemente, hoy el post es triste. No tengo ni ganas de ir a la clase de salsa.

Uno de mis mecánicos ingresó en el hospital el sábado con fiebre alta y síntomas de infección. Le hicieron varias pruebas y resulta que tiene leucemia. Con 28 años.

Solo queda esperar que lo hayan cogido a tiempo y la quimioterapia funcione.

Y eso me hace reflexionar sobre la cantidad de cerdos hijos de puta que llegan al final de su vida con tropecientos años y rebosantes de salud para morir en sus casas. No necesariamente son conocidos. Aquí va mi ranking particular, según me salen los nombres:

HARRY S. TRUMAN

Aquí nuestro amigo goza de una reputación intachable por haber sido el que acabó con la Segunda Guerra Mundial; claro que la acabó ganando por los dos champiñones sobre Hiroshima y Nagasaki.

Dicen los defensores de este inicuo personaje que así ahorró la vida a miles de americanos. En la primavera de 1945 el ejército japonés ya no existía, ni la flota, ni la fuerza aérea, ni las fábricas de armas. Los bombarderos atacaban sin escolta de los cazas y SIN ARMAMENTO, retirado para poder cargar mas bombas, porque no había respuesta antiaérea. El emperador Hiro-Hito a través de su ministro Togo hablaba con los aliados de los términos de la rendición, con la Unión Soviética como interlocutor.

Pero los americanos querían una rendición humillante e incondicional; probar a sus aliados, en particular a Stalin, que eran la primera potencia y justificar los 200 millones de dólares invertidos en el Proyecto Manhattan, así que decidieron prolongar las conversaciones sobre la rendición porque estaban a punto de lograr la bomba atómica. El 6 de Agosto, Truman ordena bombardear Hiroshima y luego Nagasaki. 3 meses después de saber que Japón se rendía. 3 meses después de estar bombardeando con napalm la isla, a plena luz del día, sin oposición alguna por parte de los japoneses, exhaustos.

Un auténtico hijo de puta que vivió 88 años.

Pol Pot

Lider camboyano que en solo 4 años ( entre 1975 y 1979 ) fué capaz de acabar con el 25% de la población de su país. Más de 2,5 millones de personas.

Aquí el amigo, al llegar al poder, decidió que el comunismo puro era el que se daba en el campo, así que había que comenzar con la eliminación literal de los conglomerados urbanos y la declaración de los habitantes de la ciudad como enemigos del Estado, con la moneda, el mercado, la educación, las maneras de vestirse, la religión, los libros, lo que viniese del extranjero, las formas tradicionales de gobierno y la familia.

Como no creía en la reeducación, declaró Enemigo Invisible del Estado a todo aquel que llevase gafas, tuviese un título universitario o hubiese trabajado en alguna oficina antes de 1975, entre otras barbaridades similares, y obligó a todas las familias de las ciudades a separarse y emigrar a sitios distintos del país para cultivar arroz. Lo hacían en interminables y agotadoras marchas a pie que al acabar habían diezmado a los pobres desplazados.

Una de las cárceles, la de Tuol Seng, se hizo célebre por haber dejado salir con vida a solo 3 personas de las más de 20.000 que entraron y por tener un mapa de Camboya formado por calaveras secas de prisioneros.

En 1979, Vietnam invade Camboya y acaba con su régimen. Se refugia en la selva y muere tranquilamente 19 años después, a los 73 años de edad. Caaabrón.

Idi Amín

El amiguete da un golpe de estado y se hace con el poder en Uganda. Había sido campeón de boxeo 10 años seguidos y era completamente analfabeto, pero tenía carisma. Durante su represión murieron más de 300.000 personas y expulsó del país a otras 70.000.

Es muy curioso el repaso a sus excentricidades:

Al dia siguiente de su llegada al poder, cientos de cadáveres aparecieron flotando en las aguas del Nilo, entre ellos los de once ministros, tres miembros del Parlamento, el gobernador del Banco Central, el alcalde de Kampala y cinco periodistas occidentales.

En su palacio tenia un armario empotrado lleno de películas de dibujos animados de Tom y Jerry, debajo de la cama habia cajones de granadas de mano y en su archivo se encontraron fotos de ugandeses torturados y de cientos de prisioneros formados en campos de concentracion.

Coleccionaba las cabezas de los ejecutados, y las guardaba en un refrigerador. Los cuerpos los arrojaba a los cocodrilos, para que se alimentaran de la carne.

Todas las semanas, un avión de la compañia Uganda Airlines volaba a Inglaterra para traer ropa cara, whisky, cigarrillos y todo tipo de manjares que regalaba a los oficiales del ejército.

Se hacía transportar en público a hombros de ciudadanos ingleses y se ofreció al parlamento escocés para ser rey de Escocia.

Ordenaba la retransmisión televisada en directo de la decapitación de sus oponentes y se sospecha que llegó a devorar las vísceras y otras partes del cuerpo de algunos de ellos.

En 1974, Barbet Schroeder se desplazó hasta Uganda para el rodaje de un documental, con el propósito de mostrarlo como un hombre educado, encantador con la palabra y vehemente en sus gestos, sin ocultar la enorme y oscura figura que se escondía tras la máscara. Idi Amin colaboró en todo momento con Schroeder y su cámara, Néstor Almendros, pero cuando se enteró qde la existencia de una versión más larga que él no había autorizado, encerró en un hotel a los 200 ciudadanos franceses que residían en Uganda y les dió el teléfono del realizador para que le contaran su situación. Schroeder accedió a cortar los minutos que el dictador le había pedido amablemente. Tras la caida y exilio de Idi Amín, pudo recuperar el metraje mutilado y completó el montaje final.

En 1979 huyó del país tras una invasión de tropas tanzanas y se refugió en Arabia Saudita, donde vivió 27 años rodeado de lujo hasta su muerte en 2006. Cabronazo.

Y se me acaba el tiempo amigos, quedan en el tintero Pinochet, Kim Il Sung, Fidel Castro, Mengistu, Stalin, Francisco Franco, James Taylor, Mao... Espero no tener que sacar sus "hazañas" de mi memoria otro día.

El siguiente post será mas divertido, lo prometo. Hoy no tenía ganas de nada.

Besos a tod@s

sábado, 1 de noviembre de 2008

MIS MOMENTOS DE VICISITUD

Hola, amigos:

Ha llegado la hora. Voy a enfrentarme a mi naturaleza y empezar a relatar algunos de los momentos que me han hecho singular entre los miembros de la Raza Humana. Son experiencias contadas sin orden ni concierto, tal como salen de los recovecos de mi memoria, conocidas por muchos de vosotros pero desconocidas por otros. Pido paciencia a los que ya las conocen. Clemencia a los demás, por favor. Sí, soy un puerco, pero os lo había advertido... y ahí vamos.

Mi primera eyaculación.

Momento sórdido donde los haya.

Todos hemos tenido una primera vez. La mía fué con un póster de Pamela Ewing, de la serie Dallas. Amor platónico, hembra poderosa, agitadora de mis hormonas en plena expansión y atrevimiento.

Una peli de Pajares y Esteso me dió la pista de cómo utilizar ese aparato mío cuyas instrucciones no encontré jamás ni en la cartilla de familia numerosa ni en los papeles del colegio.

Al ritmo uno-dos in crescendo, al compás de una respiración cada vez más agitada y mirando fijamente el escote de Pamela Ewing, me abandoné al placer solitario de hacer el amor con la persona que más me quería. ¡Cómo gozaba yo! Con esa inconsciencia de la primera vez, atento a la sensación creciente que anunciaba mi primer orgasmo provocado, abriendo la mente ante la llegada de la culminación, tensando mi cuerpo, estremeciéndome de placer... y recibiendo el primer lecharazo de mi vida en todo el ojo.

Soltando mi aparato al pegar un respingo, la pupila dilatada escociéndome, los sucesivos lecharazos regaron mi cuerpo y la habitación de fértil esperma. Los gritos de dolor por mi ojo profanado alertaron a mi abuela, que gracias al todopoderoso se abstuvo de entrar en mi cuarto, limitando su curiosidad a preguntar desde la cocina " a ver, ¿con qué te has dao ahora?".

No se abstuvo, sin embargo, de preguntar al día siguiente por esas manchas amarillas que salpicaban la cama y de cagarse en los muertos de las hormigas que invadieron mi dormitorio a la espera de nuevo alimento procedente de mi bolsa escrotal repleta de amor.

No tengo noción de la cantidad de colirio que tuve que usar, pero sí recuerdo que durante un tiempo prolongado aquella serpiente de un solo ojo que me miraba fijamente y escupía se convirtió en un enemigo más de los muchos que asolaban el comienzo de mi adolescencia, aunque luego nos reconciliamos hasta el punto en que no puedo vivir sin ella.

Los preservativos.

Mucho tiempo después, la sociedad conspiró en la trama que tuvo lugar con un amigo cuyo nombre no voy a desvelar. Llamémosle Tristán.

Por una vez en su vida, mi amigo Tristán ligó con una chica que fué sensible a sus requerimientos de culminar físicamente la acción de amar a una persona y se dispuso a ello con diligencia y determinación, pero sin preservativo.

La chica, llamémosle Isolda, con buen criterio, desestimó el proceso de entrada en su cueva del amor hasta no cumplimentar debidamente el apartado de protección, y además se negó a cualquier otro sustitutivo, bien oral, bien manual, emplazando el momento del gozo hasta la siguiente vez, lo que por desdicha no podría ser hasta el fin de semana siguiente.

Después de aliviarse debidamente él mismo, imagino que con menos vicisitud que yo puesto que sus dos ojos parecían tener su color normal, me contó su plan para el fin de semana con Isolda: Una cabaña en Cazorla, en el nacimiento del río Guadalquivir, a más de 8 km de cualquier vestigio de civilización, sin mucho más que hacer que retozar alegremente y practicar por si llega el momento de repoblar el mundo.

Como soy amigo de mis amigos, me ofrezco para proveerle gratis de preservativos, aprovechando que una amiga mía tiene un bar con máquina dispensadora en el baño. Es más, le sugiero que el hecho de ir hasta Cazorla en autobús y andando hasta la cabaña reforzará la sensación de aislamiento y complicidad.

Y allá que pido permiso a mi amiga para meter la mano en la caja de los preservativos y coger un buen puñado.

Y allá que llevo en mi coche a Tristán e Isolda hasta la estación de autobuses .

Y allá que los dejo en manos de Eros con un guiño de complicidad, insuflándoles fuerza y ánimo. Era un sábado por la mañana.

El domingo por la tarde me llama Tristán al móvil, me cataloga como hijoputa y me informa de que mas vale que no me tope con él durante algún tiempo.

En aquella época estaba de moda, por motivos higiénicos, servir las copas de ron acompañadas de una rodajita de limón empaquetada en plástico que el usuario abría y echaba en la copa si le apetecía. Mi amigo disponía de 36 rodajitas de limón y ni un solo preservativo porque metí la mano en la caja equivocada.

Tristán recorrió a pie los 8 km hasta la gasolinera... que estaba cerrada. Y volvió a la cabaña.

Volvió a recorrer los 8 km a la mañana siguiente. Y estaba abierta. Pero no vendían preservativos.

No culminó su deseo.

Mi madre es una santa, pero yo soy un hijoputa.

Próximamente, mas.

Besos a tod@s menos a uno.