martes, 30 de diciembre de 2008

EL PADRINO

Hola, amigos:

Esta entrada está especialmente dedicada a Patri, extremadamente generosa en los halagos por escrito y extremadamente violenta en los halagos en persona. Aquí nuestra amiga ha visto por primera vez la pelicula "El padrino" y le ha encantado. Normal, una de las mejores películas de la historia del cine y una de las que mas me han hecho disfrutar. Me da una envidia tremenda, porque es una de esas pelis que ojalá no hubiese visto para poder descubrirla de nuevo.

Me ha sugerido que haga un post con este tema y aquí va. Y os animo a que pidais historias, curiosidades o lo que querais, que en la medida de lo posible intentaré contentaros.

Para los que no la hayan visto, les recomiendo encarecidamente que lo hagan. Para los que la han disfrutado, que lean el libro, porque es de esas pocas veces en que no se sabe si es más brillante la novela o la película. Y para los amantes del género de "mafia" en general son muy recomendables "El honor de los Prizzi", "Uno de los nuestros", "Casino", "Infiltrados" y "Promesas del Este".

Y aquí tenéis unas cuantas curiosidades del flim:


Curiosidades antes del rodaje:

El apellido Corleone coincide con el nombre del pueblo natal de Don Vito, en la provincia de Sicilia. Los abuelos de Al Pacino son nativos de un pueblo llamado... Corleone, en Sicilia.

"Coppola", además del apellido del director, es el nombre del sombrero tradicional siciliano (llevado, por ejemplo, por los guardaespaldas de Michael Corleone)

La dirección de la película se le ofreció en un principio a Sergio Leone, autor de "Por un puñado de dólares", "El bueno, el feo y el malo" y otros spaghetti-westerns, pero lo rechazó.

Los productores se negaron en redondo a que Marlon Brando interpretase al Padrino, porque ya era legendaria su afición a aparecer borracho en los rodajes, no presentarse durante días, etc. Coppola decidió entonces hacer unas pruebas con varios actores. En el casting apareció Brando y dijo en plan siciliano:

Quiero hacer esas pruebas para conseguir el papel.

Tendrás que esperar tu turno, como todo el mundo - contestó Coppola sorprendido.

Esperaré - dijo Brando.

Y así lo hizo. Al llegar su turno, la interpretación fué tan espectacular que Coppola exigió que fuese Brando a los productores una y otra vez hasta el punto de que fué amenazado con ser despedido si seguía insistiendo. Al final se salió con la suya al hacer firmar al actor una cláusula en su contrato en la que se comprometía a cumplir todos los días de rodaje y no cometería sus típicas excentricidades.

La productora no esperaba mucho de la capacidad de Coppola, por lo que en la partida de gastos estaba prevista la presencia cada día de un director suplente supervisando sus actividades para que, si se le despedía en un momento dado, pudiese sustituirlo en la dirección de la película.

En la novela, el personaje del cantante Johnny Fontane tiene mucha más relevancia que en la película. El creador del libro, Mario Puzo, se inspiró claramente en Frank Sinatra. Cuando se puso en marcha la película, el mismo Sinatra presionó para que se evitasen el mayor número de similitudes entre Fontane y él. De ahí la brevedad en la trama de este personaje.

Mario Puzo (autor) y Francis Coppola (director) eliminaron deliberadamente de todo el guión la palabra "Mafia''.

La famosa escena del principio, en la que Bonasera pide ayuda al padrino irrumpiendo en la boda, no aparece en el libro ni en el guión original. La sugirió un amigo de Coppola, y le gustó tanto que modificó el guión para incluirla.


Curiosidades durante el rodaje:

Muy poca gente del equipo de la película confiaba en Al Pacino antes de comenzar el rodaje. Lo criticaban por su estatura, su manera de hablar y actuar, y hasta se reían de él durante los primeros días. Solo tras filmar la escena del asesinato del turco y el capitán de la policía se ganó el respeto de sus detractores por su impresionante actuación.

La escena en la que Vito Corleone se burla de Johnny Fontane imitando sus sollozos no estaba prevista en el guión, sino que fue improvisada por Marlon Brando. Ninguno de los actores que participaban en la escena esperaba semejante reacción, por lo que la cara de sorpresa de Al Martino y las sonrisas nerviosas de Robert Duvall y Richard Wright son espontáneas.

En los ensayos de la escena en que Sonny Corleone (James Caan) se pelea con Carlo (Gianni Russo), Caan decidió que su oponente no actuaba convincentemente, así que en la primera toma real le tiró un palo para acentuar su perplejidad, y luego le golpeó de verdad, rompiéndole dos costillas. Caan dijo que sin querer, Russo no quedó muy convencido.

La presencia de naranjas en las tres películas de "El Padrino" indica que una muerte ocurrirá pronto. Vito Corleone es disparado después de comprar naranjas, y muere con una naranja en su boca.

Brando, durante la prueba para la película, consiguió que la cara de Don Corleone fuera como un "bulldog'' metiéndose bolas de algodón en los carrillos. Durante el rodaje, utilizó una prótesis dental. Al Pacino tambien utilizó una prótesis para simular que tenía la mandibula rota, después de que el Capitán McCluskey (Sterling Hayden) le golpease en la cara en una escena de la película. La pieza dental utilizada por Brando en el film se conserva en el Museo de Vestuario de los Estudios Universal.

Inicialmente, en la escena en que muere Don Vito Corleone, estaba previsto que El Padrino conversara con su nieto y súbitamente muriese de un ataque al corazón. Pero antes del rodaje, Marlon Brando decidió jugar con el niño con quien compartía la escena para ganarse su simpatía y que todo fuese más creíble. Para ello recortó una dentadura grotesca con las cáscaras de unas naranjas que estaban dispuestas para la escena y jugó a perseguirlo como si fuera un gorila. Este juego gustó tanto a Coppola que lo incluyó en la versión final de la película.

Al principio de la primera parte aparece Vito Corleone en su despacho, sentado en su butaca acariciando un gato. Ese gato no estaba en el guión, Brando se lo encontró antes de grabar la escena por los estudios y decidió por su cuenta introducirlo en la misma.

Para dar una mayor intriga al lugar cuando Michael va al hospital a ver a su padre, Coppola añadió imágenes de pasillos vacíos extraídas del metraje sobrante. Para estos efectos especiales contó con la ayuda de... George Lucas.

Para la famosa escena de la cabeza del caballo en el dormitorio se utilizó una falsa pero para la toma final se utilizó una cabeza real, que provocó una oleada de vómitos en el equipo.

Después del rodaje:

En una entrevista de TV, uno de los productores declaró que muchos de los actores que completaban el reparto habían tenido relaciones con la Mafia, y que en algunos momentos del rodaje se produjeron situaciones bastante violentas.

Después de montar y editar el film, Coppola estaba tan seguro de su éxito que se jugó una limusina Mercedes Benz con los ejecutivos de la Paramount a que su pelicula superaba los 50 millones de dolares en taquilla. No se equivocó y según sus propias palabras, "El padrino" lo convirtió "en un joven rico de la noche a la mañana".

Fué nominada 11 veces a los premios Oscar, de los que ganó el de mejor película, mejor actor (Marlon Brando) y mejor guión adaptado (Francisc F. Coppola y Mario Puzo). Sólo obtuvo estos 3 Oscar porque la gran triunfadora fué "Cabaret", con 8 estatuillas y Liza Minnelli como gran abanderada.

Entre las nominaciones estuvo la de mejor banda sonora, pero fué descalificada porque se descubrió que su autor, Nino Rota, había versionado una canción ya existente.

Entre los cinco nominados al mejor actor secundario aparecían tres componentes de la película: James Caan, Robert Duvall y Al Pacino, aunque no se lo dieron a ninguno de ellos.

Brando nunca llegó a recoger su Oscar. En su lugar fue a hacerlo una joven india llamada Pequeña Pluma, siguiendo órdenes del actor, que informó de su rechazo al premio en protesta por la forma en que se trataba a los indios en las películas.

"El Padrino" está considerada la segunda mejor película de la historia americana, por el American Film Institute, por delante de "Casablanca" y sólo detrás de "Ciudadano Kane". "El Padrino II" está en octava posición, siendo considerada una de las pocas "segundas partes" tan buenas o mejores que la primera.

Besos a tod@s



viernes, 26 de diciembre de 2008

LA HISTORIA DEL MONO PACO

Hola, amigos:

Hoy vamos con una historia de las que solo pasan en España. Hablamos de un mono y un concejal. El mono se llamaba Paco, el concejal se llamaba Antonio Nieto, pero le llamaban "Leri". No tiene desperdicio.

En 1990, un marinero de Redondela se trajo un mono de África. El alcalde, Xaime Rei, pensó que sería una buena idea tener al mono en una jaula del parque, los vecinos acogieron la idea con agrado y le llamaron Paco. Pronto se convirtió en la atraccción de un pueblo pequeño y con poco patrimonio histórico-artístico-gastronómico que ofrecer.

El problema llegó el día en que el mono Paco comenzó a masturbarse compulsivamente sin la menor vergüenza. Y no se contentaba sólo con alabar a Onán delante de las sorprendidas familias sino que Paco, además, era capaz de identificar la presencia de mujeres a su alrededor para machacársela con mayor ahínco si cabe y brindar al público el lecharazo. Enseguida, los actos del mono se convirtieron en la comidilla del pueblo.

El debate se calentó cuando un colectivo feminista entró al trapo desempolvando la clásica solución de la castración. El pueblo se sintió agredido por la propuesta castradora y los vecinos buscaron un campeón que defendiese los derechos del mono Paco. La guerra había comenzado y lo peor es que el defensor que se buscaron era un inefable concejal de Vigo apodado "Leri".

Este amigo se hizo famoso, en su época, por decidir que las señoras no podían hacer top-less en las playas viguesas y se dedicaba a pasear por Samil o el Vao acompañado de la policía local, instando a las chicas que estaban con las teticas al aire a que depusiesen su inmoral actitud. Ante las cámaras de medio país, no tuvo el menor reparo en decir " la Playa es mía ". Con dos cojones.

El caso es que Leri se lanzó a la defensa del mono Paco y una ciudad como Redondela, que apenas tenía notoriedad, de pronto apareció en el Telediario para estupor de todos los españoles, que constataban que las cosas que se decían de España en el extranjero eran ciertas.

Las concentraciones se sucedían ante la jaula de Paco y una asociación en defensa de los animales alegó que las dimensiones de la jaula vulneraban los derechos del animal. Leri organizó una rueda de prensa en torno al recinto, armado con una cinta métrica para demostrar que era lo suficientemente grande, y muchos activistas se personaron para abuchear.

En ese momento, el mono Paco decidió que el protagonista era él.

Con alevosía, golpeó a una paloma e intentó penetrarla analmente, delante de la estupefacta congregación de políticos, prensa, vecinos y activistas.

Los acontecimientos se precipitaron. Con carácter de urgencia se aprobó el traslado del mono al zoológico de Vigo a una jaula de mayores dimensiones y lo que es más importante: con tres monas para que eligiese a cuál pretendía beneficiarse. Pero el mismo colectivo feminista que organizó la primera protesta dijo que era un abuso, que con una mona bastaba, y aquello no fue del agrado de Leri, que en un pleno del Concello de Vigo les dedicó la siguiente frase:

"Si les sobran trabajadoras en vías y obras del Concello, envíenlas al zoo de Vigo, donde necesitamos señoras y señoritas para solucionar el problema sexual del mono Paco".

Pero en el zoo retiraron a dos de las monas.

Durante un tiempo Paco fue feliz en Vigo. Algunos románticos han extendido el bulo de que, a la que murió su compañera sentimental, el mono falleció de pena y deprimido. La realidad es otra: algún desalmado le arrojó fruta con un pequeño imperdible en su interior. A la que Paco lo ingirió, el desgarro estomacal supuso su muerte.

Hoy día, la ciudad aún recuerda la figura del simio en el entierro de la sardina que, desde entonces, pasó a llamarse de forma coloquial y jocosa "o enterro do mono Paco".

Besos a tod@s.


lunes, 22 de diciembre de 2008

EL CICLISTA QUE DERROTO AL SERVICIO SECRETO

Hola, amigos:

Me gustó mucho la película "La vida de los otros". Trata la historia de un espia de la Stasi (servicio secreto de la RDA, República Democrática Alemana) en la época del Telón de Acero, y cómo se implica en la vida de los que debe vigilar. En busca de más información sobre el tema me topé con la historia de Wolfgang Lötzsch, un ex-ciclista, dándose la casualidad de que yo lo conocí en persona cuando colaboré en la organización de la Vuelta Ciclista a España y él era el mecánico de bicicletas del equipo Gerolsteiner, sin tener ni idea de su historia, que es apasionante.

La vemos.

A los 17 años, los cazatalentos alemanes lo llamaban "el rey del ciclismo". Le apodaron El Largo, y a los 18 años sus tests fisiológicos y de resistencia eran superiores a los de Täve Schur, el campionissimo del Este, doble campeón del mundo amateur y repetido vencedor de la Carrera de la Paz, equivalente al Tour de Francia en el bloque comunista, ya que los ciclistas del Este no participaban en las pruebas que se celebraban en los países capitalistas.

A finales de 1971, Lötzsch es la gran esperanza del ciclismo alemán del Este para ganar la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Múnich 72, disputados en el territorio más enemigo, la República Federal de Alemania. Para cerrar su pase al equipo nacional, los directivos de su club le convocan en otoño. Le acompaña su padre a la reunión, un hombre de 71 años que ha sobrevivido a dos guerras mundiales, inconformista, escéptico y algo ingenuo.

Por eso, cuando le sugieren a su hijo la conveniencia de afiliarse al Partido de Unidad Socialista de Alemania, salta disparado como un muelle. Dice que su hijo sólo quiere hacer deporte, que le dejen tranquilo, y que además en la RDA no hay libertad de opinión ni de prensa.

Los funcionarios respondieron al ataque chantajeando a Wolfgang.

¿A quién quieres más, a tu padre o al socialismo?

Y el hijo, con la mezcla de valentía, ingenuidad y cabezonería que le distinguiría siempre, respondió:

Estoy de acuerdo con mi padre. No me gustan algunas cosas de este país.

Unos días después, en vísperas de un entrenamiento en Bélgica, Lötzsch es expulsado del club por su "completa inestabilidad política". Se le cerraron de golpe las puertas del equipo nacional, de los Juegos Olímpicos y de un futuro sin preocupaciones como figura del socialismo. Debería haber sido el fin de su carrera deportiva, pero fue el comienzo de su leyenda.

El ciclismo es su vida. No puede abandonar. Lötzsch encuentra un hueco en una liguilla de empresas. Corre sin ningún apoyo, con su vieja bicicleta, una pesada Diamant, la marca mítica del Este, fabricada en su propia ciudad. Mientras el sistema estatal de entrenamientos perfecciona el trabajo sobre los grandes talentos incluyendo el doping sistemático, él se entrena solo en las colinas que rodean su ciudad.

Gana todas las carreras de la liga de empresas. Se gana también el derecho a competir en los campeonatos nacionales y en la carrera de un día más importante, la Vuelta a Berlín, disputada sobre el pavés, el Tour de Flandes del Este. Contra todo pronóstico se impone en el campeonato nacional, modalidad de persecución, a la élite del ciclismo de la Alemania Socialista. La afición estalla y reclama la participación en los Mundiales que se había ganado.

El régimen, ridiculizado, cambia inmediatamente las reglas. Lötzsch no irá al Mundial, pero cuantos más obstáculos pone el Estado en su camino, con más fuerza se entrena, con más determinación trabaja. En las carreras, entre los equipos oficiales, se repite la consigna: todos contra Lötzsch. Se prohíbe a otros corredores hablar con él. A un ciclista que le dio la mano tras una carrera lo expulsaron del equipo nacional.

Y contra todos, contra el sistema, contra ciclistas dopados, Lötzsch sigue ganando.

En 1974 gana por primera vez la Vuelta a Berlín y también el campeonato nacional de carretera, la Vuelta a Sajonia. Pero la selección nacional le sigue vedada. El régimen se inventa reglas absurdas. En una ocasión le obligaron a salir cinco minutos después que el pelotón, pero alcanzó al grupo y ganó la carrera. De esa forma se ganó a la afición y se convirtió en un héroe, jaleado, animado con pancartas, con cánticos y con gritos.

Pero el sistema siguió respondiendo de una manera brutal y cobarde. En una carrera, en 1975, Lötzsch sufre una caída. Inconsciente, se queda clavado en el asfalto, la cabeza rota, sangrando. Nadie se detiene a ayudarle por miedo. El pelotón pasa de largo, los coches le esquivan. Finalmente, en el último coche, el médico de un equipo se compadece, se detiene y le transporta al hospital, donde permanece en coma varias semanas con el cráneo fracturado.

Cuando despierta, vuelve a entrenarse y cuando está dispuesto para volver a correr recibe un golpe más duro: la federación le suspende, no puede participar en ninguna carrera. El asunto Lötzsch ya ha alcanzado por entonces los más altos niveles del aparato deportivo de la RDA y la Stasi ya había empezado a trabajar. Hay momentos en que le espían no menos de 50 colaboradores no oficiales, los oídos de la dictadura del proletariado.

Lötzsch, entonces, trata de irse al Oeste. En la Embajada de Bonn le dicen que pida permiso. Dos veces lo rechazan. La Stasi, además, busca cazarle con las manos en la masa: un agente le propone un plan de huida ilegal. Lötzsch no pica. Se reúne en secreto con Rudi Altig, el gran corredor de la Alemania Occidental, que dirige a un equipo en una competición en la RDA, y le pide ayuda. Luego da un paso más: visita al corresponsal en el Este del Süddeutsche Zeitung, un periódico occidental, y le cuenta su historia. El 20 de julio de 1976, toda Alemania la lee.

La Stasi está furiosa. Una noche, la Policía Nacional (Volkspolizei) le detiene y le provoca. Él estalla.

Los ciudadanos de la RDA no tenemos derechos.

Detenido y condenado por "repetido libelo de Estado", Lötzsch pasa 10 meses en una celda de ocho metros cuadrados sin ventanas. Hace diariamente 400 flexiones y 3.000 abdominales que le mantienen en forma. Si se hubiera abandonado, si hubiera perdido la forma, si hubiera renunciado a ser ciclista, lo hubiesen deportado. Pero en las condiciones en las que abandona la reclusión, fuerte como al entrar, la Stasi no se puede permitir que salga de la RDA. Un renegado no iba a ganar medallas para el enemigo de clase.

En el otoño de 1977, al salir en libertad, Lötzsch quiere correr de nuevo pero la sombra de la Stasi no le abandona. Es un "enemigo del Estado". Merece vigilancia plena y detenciones constantes.

Un día, harto, decidió combatir al régimen con sus mismas armas. Acepta afiliarse al partido, retira su petición de permiso para salir del país y finge haberse reformado. Sólo tiene un objetivo: el gran regreso. Su gran día le llega finalmente en 1983, a los 30 años.

El sol quema. 128 corredores toman parte en la 77ª edición de la Vuelta a Berlín, los mejores del país, el orgullo del régimen, los ciclistas modelo: Olaf Ludwig, Uwe Ampler, corredores soviéticos, polacos... y Wolfgang Lötzsch. Solo. Sin equipo.

Su única oportunidad es la fuga en solitario. Se escapa en el kilómetro 50. Una locura porque quedan otros 150 km por delante. Pero contra todo pronóstico, como siempre, Lötzsch gana. Llega solo a la meta, aclamado por cientos de personas que han bajado a la carretera al oír de su fuga por la radio, con más de 8 minutos y medio de ventaja, una auténtica barbaridad. Tras esa carrera puso punto y final a su vida deportiva.

Treinta años necesitó Lötzsch para acudir al Giro y otras carreras con las que soñaba en su juventud. Lo hizo como mecánico de los equipos ciclistas Milram y Gerolsteiner. Pero esa época también se acabó. Ahora tiene un taller de bicicletas en las afueras de su ciudad de toda la vida, Chemnitz, en un garaje pegado a su casa, un local con una persiana metálica enrollable "de los tiempos del Este" decorado con pósters de Induráin, Pantani y las coronas doradas de sus viejas victorias.

Tras la caída del muro pudo leer las 2.000 páginas que los espías de la Stasi habían recopilado sobre él. Durante 17 años la policía secreta de la RDA no recolectó informes de honores ni medallas, sino de su vida cotidiana, transcripciones de escuchas, de seguimientos, de delaciones. Lo que descubrió en los documentos de la Operación Radio de Bicicleta, una de las más amplias de los servicios secretos en el terreno deportivo, era aún más duro de tragar que cualquier suspensión: Ni uno solo de sus amigos se salvaba. Todos le espiaron.

El no les guarda rencor. En una entrevista reciente se limitó a decir:

"No soy una persona que quiera revancha, sólo quiero que mi historia no se olvide".

Esta es la historia del ciclista que derrotó al servicio secreto de Alemania.

Besos a tod@s.




viernes, 19 de diciembre de 2008

EL PACIENTE INGLES. Y la historia de la Bella Durmiente.

Hola, amigos:

Debo decir que, en su día, la película me pareció un auténtico tostón. Insoportable. Eterna. Así que no tuve demasiada curiosidad cuando me topé con Laszlo Almasy, la persona que inspiró el personaje de la peli. Pero resulta que su vida es mucho más interesante que el "flim", y tiene mucho que ver con el cuento de la Bella Durmiente, así que os invito a que os adentréis en sus aventuras. Por cierto, a raíz de esto he intentado ver de nuevo la película, por si acaso me cogió en un momento malo, pero no, es decididamente insoportable.

Allá vamos.

Nació en Borostyanko, en Hungría, en el año 1895. Hijo de una familia aristocrática pero sin título nobiliario, el joven Laszlo pronto se entusiasma por las nuevas tecnologías que aparecían en la época, y a los 17 años se convierte en un pionero de la aviación y un experto conductor de automóviles.

En la Primera Guerra Mundial, sirvió en las fuerzas aéreas húngaras donde destacó como piloto y fue condecorado en varias ocasiones. Su lealtad a la corona le llevará a ayudar a la restauración monárquica en Hungría y recibe el honor de conducir el vehículo que llevó al rey Carlos IV de vuelta a Budapest desde el exilio. El rey le concedió el título de Conde.

Tras la guerra, Almasy, como representante de la marca de automóviles austriacos Steyr Autmobilewerke, realizó en 1926 un test de resistencia de dichos vehículos completando la distancia que separa Alejandría, en Egipto, del Sudán, siguiendo el cauce del rio Nilo y sentando las bases para intentar una grandísima aventura.

En 1929, con dos vehículos Steyr, Almasy recorrió nada menos que 12.000 km. a través del Noreste de Africa, Libia, Egipto y Sudán en un viaje que cambió su vida. Redescubrió una antigua ruta de esclavos, llamada Ruta de los Cuarenta pues ese era el número de días que se tardaba en recorrer, durísima para los cautivos y que conectaba Egipto con el resto de Africa. Almasy se enamoró de la inmensidad del Sahara durante esa expedición.

Cruzando las arenas del desierto en Libia, escuchó de los beduinos antiguas leyendas contadas en las frías noches al calor del fuego, y entre ellas la historia sobre el oasis perdido de Zerzura, que se decía que estaba en algún lugar en el corazón del desierto, custodiado por un pájaro blanco. Sólo los hombres más valientes podrían acceder al secreto lugar, que estaba repleto de oro y tesoros y en el que yacía una reina durmiente que sólo podría ser despertada con un beso.

¿Os suena?.

Exploradores del XIX como Sir John Gardner Wilkinson o Gerhard Rohlfs mencionaron Zerzura en sus escritos. Se trataba de una zona situada en medio del desierto, supuestamente entre Libia y Egipto. Los habitantes de oasis como el de Dachla, en Egipto, hablaban de los tres valles (wadis) pedidos de Zerzura. La tecnología de principios del XX hacía más fácil la exploración del desierto, pero en la decada de los 30 el interior del desierto libio seguía sin ser cartografiado.

Almasy, que dominaba seis idiomas incluyendo el árabe, se ganó el favor de la corte del rey de Egipto. El Principe Kemal el Din había realizado en 1926 una expedición en la que descubrió una enorme meseta de arena y piedra llamada Gilf Kebir y se convirtió en su mecenas en la búsqueda de Zerzura.

Tras consultar estudios científicos, mapas, documentos históricos y escuchar a los beduinos del desierto, Almasy concluyó que Zerzura debía estar en alguna parte de la inexplorada región del Gilf Kebir, cerca del final de la ruta que partía del oasis Duchla al oasis Kufra.

En 1930-31, un joven barón inglés, Sir Robert Clayton, se unió a Almasy en su búsqueda. Asimismo, otros dos ingleses, el comandante de la R.A.F. Penderel y Patrick Clayton (sin parentesco alguno con el socio de nuestro amigo) comenzaron otra expedición. Estos últimos localizaron desde el aire, en la meseta de Gilf Kebir, dos wadis (posibles valles de Zerzura) pero no pudieron alcanzarlos en sus vehículos Ford.

Mientras tanto, Almasy emprendió un arriesgado viaje a través de territorio desconocido para conseguir agua en el oasis Kufrah atravesando lo que los beduinos llamaban el Gran Mar de Arena. Esta expedición a la zona de Kufrah, convertida en colonia italiana el año anterior hizo sospechar a los oficiales italianos de las reales intenciones de Almasy. En cualquier caso, la expedición se quedó sin gasolina y agua y tuvo que regresar al Cairo. Por entonces, el Principe Kemal el Din y Sir Robert Clayton mueren.

Patrick Clayton se dirige con su expedición al Gran Mar de Arena alcanzando desde el Norte el Gilf Kebir en busca de los dos valles que había visto desde el aire el año anterior. Encuentra la entrada al valle principal Wadi Abd el Malik y lo explora. Vuelve al osais de Kufrah donde la viuda de Sir Robert Clayton se une a la expedición. Juntos exploran un segundo valle, Wadi Sura.

Las dificultades económicas de Almasy hacen que su expedición no parta hasta Marzo de 1933. Acompañado por el Comandante Penderel, Arnold Hoellriegel (periodista austriaco), Hans Casparius (fotógrafo alemán) y Laszlo Kadar (geógrafo húngaro) cartografían las zonas este y sur del Gilf Kebir, y descubren el Paso de Aqaba que corta los dos lados de la meseta. En Abril del mismo año llegan al Oasis de Kufrah, cosa que terminó de convencer a los italianos que el Conde Almasy era un espía inglés.

Desde allí Almasy y su expedición se dirigen hacia el lado oeste del Gilf Kebir, dónde descubren Wadi Talh, el tercer valle de Zerzura. La vieja leyenda se hacía realidad y Almasy pudo por fin dibujar Zerzura en el mapa.

Poco después, la expedición de Almasy exploró el pozo de agua de Ain Dua en los Montes Uweinat, al sur del Gilf Kebir, en la intersección de las modernas fronteras de Libia, Egipto y Sudán. Esa zona había sido ya explorada en 1923 por el egipcio Ahmed Hassanein Bey, que descubrió pinturas rupestres de jirafas y antílopes sobre las rocas.

Almasy descubrió otra cueva cuyas paredes también estaban repletas de ese tipo de pinturas rupestres. Pero lo más sensacional de su descubrimiento fue que pintados en la roca había figuras de... ¡hombres nadando!. En medio del desierto del Sahara, en el Gran Mar de Arena, hace miles de años, hubo agua.

Este descubrimiento convenció a Almasy que el Sahara no siempre había sido un desierto. Las pinturas supusieron un terremoto científico y fué el más importante de los descubrimientos de Almasy.

En los años siguientes, nuestro amigo dirigió otras exploraciones del desierto, especialmente por la zona del Gilf Kebir, el Gran Mar de Arena y el Wadi Hauar en Sudán. Mientras, trabajó en Egipto como instructor de vuelo.

En 1939, al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, tuvo que marcharse de Egipto y regresó a Budapest. Como Capitán en la reserva de las Fuerzas Aéreas Húngaras fue destinado al Afrika Korps de Rommel. Realizó importantes misiones bélicas como gran conocedor del desierto que era. Al final de la guerra fue juzgado por el Tribunal del Pueblo en Budapest como criminal de guerra, pero resultó absuelto por falta de pruebas.

En 1947 regresó a Egipto y comenzó a organizar una expedición en busca del ejército del rey persa Cambyses, basándose en unos escritos de Herodoto donde cuenta que un gran ejército persa se perdió en medio del Gran Mar de Arena en el siglo V a.C, pero no pudo llevarla a cabo al caer gravemente enfermo. Tuvo que marcharse a Austria.

Murió de disentería en Salzburgo en 1951. Tres semanas más tarde fue nombrado a título póstumo Director del Instituto del Desierto del Cairo.

"El desierto es horrible e ingrato, pero cualquiera que aspire a comprenderlo, debe regresar a él".

Laszlo Almasy.

Besos a tod@s.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

DOS DESEOS. Un cuento de miedo. 2ª parte.

Hola, amigos:

Vamos sin dilación a resolver el cuento, que si no más de uno me mata.

A la mañana siguiente comenzaron a trabajar con el caballo. Era una delicia. Dócil y fuerte, parecía saber exactamente lo que había que hacer, así que padre e hijo se limitaban a sembrar en el surco que dejaba tras de sí el arado tirado por el animal. A media mañana, decidieron que una sola persona podía perfectamente hacer el trabajo, y Tom le dijo a su padre que se fuese a la cabaña a descansar.

Jack estaba sentado junto a su mujer, tomando agua fresca, cuando oyó un enorme grito de dolor. Sobresaltado, salió al huerto a ver qué pasaba, para ver aterrado cómo el caballo pisoteaba a Tom. Salió corriendo, gritando, pidiendo al caballo que parase y el caballo le hizo caso, pero sólo porque su hijo ya estaba muerto.

Jack miraba horrorizado el cuerpo de Tom cuando una voz gélida dijo a su espalda:

Nada es gratuito. Siempre hay que dar algo a cambio de algo, y saber muy bien lo que se pide. El caballo era para mejorar vuestra suerte, pero para ello debíais esforzaros en el huerto los dos. Si os mueve la pereza, que uno de vosotros no quiera trabajar, el deseo os castiga. Por eso ha muerto tu hijo.

Antes de darse la vuelta, Jack supo que el guerrero ya no estaba allí. Y cuando lo hizo, lo único que pudo ver fué el espanto de su esposa al contemplar a Tom reventado por el caballo.

Como todos los pobres, dio sepultura a su hijo con sus propias manos, a un centenar de metros de la casa, sollozando, destrozado, acompañado en su duelo por su inconsolable esposa. Al día siguiente, delante de una frugal comida que ninguno podía tragar, Jack oyó una proposición de su mujer.

He estado pensando toda la noche, Jack. Podemos pedir que vuelva Tom. Nos queda un deseo.

No, Tina, no.

Si, Jack. Es... era nuestro hijo.

No, Tina. ¿ No has aprendido nada? ¿No comprendes que puede pasar algo terrible a cambio?

Jack, es tu hijo.

Jack...

No me pidas eso. Por favor...

Tom ha muerto porque quisimos el caballo. Pidamos que vuelva y que se lleve el maldito animal. Deshagamos lo pedido, Jack.

Y continuó insistiendo, hasta que Jack estuvo de acuerdo en pedir que el caballo se fuese a cambio de la vuelta de Tom. A la mañana siguiente, tras encender el cirio y hacer la petición pasaron el peor día de sus vidas, el más largo, el más temido y a la vez deseado. Hasta que por fín llegó la noche, y oyeron cómo golpeaban la puerta.

Era el guerrero, que había cogido el caballo, y que les hablaba con voz de ultratumba.

Sea, campesino. Habéis cumplimentado las dos peticiones y me marcho para siempre. Allá viene vuestro hijo.

Y desapareció.

Frenéticos, aguzaron la vista en la dirección que les indicó el guerrero, pero de momento no veían nada.

De pronto, Jack empujó a su esposa, derribándola al suelo y la arrastró hacia el salón. La mujer, sorprendida, confusa, se vió atada a la mesa central y en unos segundos estaba completamente inmovilizada.

¡Jack! ¿Qué pasa? ¡JACK!

¡Lo siento, Tina, lo siento tanto!

¡Dios mio, Jack! ¿Qué haces? ¡Por Dios, Jack!

Atónita, vió salir de la casa a su marido llorando desconsoladamente, empuñando un hacha. Oyó la voz distorsionada pero inconfundible de su hijo, pidiendo auxilio, y golpes y más golpes mezclados con los sollozos de Jack.

Y supo que su hijo había muerto de nuevo, esta vez a manos de su padre.

Cubierto por la sangre de su propio hijo, roto por dentro, Jack no sabía cómo explicar lo ocurrido. ¿Cómo decírselo a Tina? No podía. Imposible. Prefirió que no viese cómo su hijo emergía de la tumba y se arrastraba hacia ellos.

Vivo, sí, pero horriblemente mutilado y en pleno proceso de descomposición.

Vivo, sí, pero no era Tom, sino una masa informe y pútrida.

¿Cómo decírselo a Tina? Imposible. No podía.

Besos a tod@s y dulces sueños...



martes, 16 de diciembre de 2008

DOS DESEOS. Un cuento de miedo.

Hola, amigos:

En primer lugar, respondo a la pregunta de Patri acerca del anterior post, el de la boda gay. Las descubrieron porque solo habia un baño en cada planta. Cuando Mario estaba dentro, no está claro si la dueña de la pensión abrió la puerta de improviso o miró por el ventanuco, pero el caso es que vió que no era un hombre, sino una mujer.

Y ahora el cuento de miedo.

Tomando café, mi amiga Lourdes me comentaba que había tenido una mala noche por culpa de una pesadilla, y que no lo pasaba tan mal desde que, hace muchos años, fuimos un fin de semana a la playa con unos amiguetes, cuando aún se podía acampar sin problemas en cualquier sitio. Estábamos en torno a una fogata, en la arena, cenando, y se nos ocurrió contar historias de miedo. Yo acababa de leer una recopilación, les conté esta historia y mi amiga no pegó ojo en toda la noche. No estoy seguro del autor porque nunca fui capaz de recordar el verdadero título, pero creo que es H.P. Lovecraft. Si a alguien le suena, que me refresque la memoria, por favor.

Como siempre, lo contaré a mi manera. Ahí vamos.

Jack se encontraba muy cansado. Cada día se encontraba mas viejo, con mas dolores, con menos fuerza, con menos ánimo. La edad pasaba una factura imposible de aplazar para un campesino pobre. Con recursos apenas suficientes para que sobreviviese su familia, debía seguir trabajando en la huerta.

Su único hijo, Tom, tiraba del arado sujeto por un rústico arnés y él sembraba el maíz en el surco. Era una vida miserable y aburrida, por eso el hombre sintió una punzada de ánimo al ver la figura que se recortaba en el horizonte.

Era un viajero, sin duda, así que podría oír historias de lugares lejanos, chismes, cotilleos, escenas de la lejana corte del rey... salir por unas horas de la monotonía de su vida. El hombre tenía un aspecto muy extraño, con ropas de corte y colores inusuales, una gran mochila a su espalda y una franca sonrisa en el rostro.

Buenas tardes, amigo. ¿Que le trae por aquí?

Buenas tardes tenga, señor. Estoy de paso. ¿Hay alguna posada cerca?

Jack sabía que apenas dos kilómetros apartada del camino había una fonda, pero pensó que podía sacarle algo de dinero y quería un rato de asueto, así que le mintió al viajero.

No, señor. Y va a anochecer dentro de poco. Podría quedarse a dormir en nuestro establo y cenar con nosotros. Le cobraremos poco.

No quisiera ser una molestia. ¿Puedo pagarle en monedas de cobre?

Como prefiera, señor, y puede usted contarnos las últimas noticias. Aquí es difícil que nos lleguen novedades. Mi nombre es Jack, y este es mi hijo Tom.

Hecho, señor, me llamo Bradley.

Aquella noche, su esposa cocinó de maravilla, su hijo no bebió más de la cuenta y el viajero resultó ser una agradable compañía. Con voz suave y siempre sonriendo les fue contando lo que acababa de acontecer en el mundo, y Jack pensaba que noches como esa deberían ser más frecuentes.

De pronto, la puerta saltó hecha pedazos. Un jinete a caballo acababa de embestirla y casi se precipita con el animal dentro de la cabaña. El guerrero desmontó y armó una ballesta con tanta rapidez que a los sorprendidos comensales no les dio tiempo mas que a levantar las manos en señal de sumisión. En su cara brillaban unos ojos feroces que miraban a Bradley y de su garganta surgió una voz profunda, fría, espantosa.

Vas a morir.

Jack y su familia estaban en estado de shock, inmóviles, temblando. Bradley había caído de rodillas y parecía rezar. Su oración se vio interrumpida cuando una flecha atravesó su corazón.

En cuanto a vosotros...

Jack miró a su esposa, que estaba absolutamente pálida, y a Tom, que miraba el reguero de sangre que se estaba formando mientras se orinaba encima. Cayó de rodillas y comenzó a suplicar.

¡Señor! ¡Por favor! ¡No hemos hecho nada! No lo conocíamos, solo le dimos cobijo. Preguntó por una posada cercana, pero yo quería que nos contase alguna historia y ganar algunas monedas. No debía estar aquí. Somos pobres señor ¡No tenemos nada! Solo un rato de asueto cuando pasa algún viajero. ¡Por favor, señor! ¡Déjenos vivir! ¡Por favor! ¡Por favor!

Os equivocaiss, algo teneis: cobardía. Y en abundancia. No tengo más arma que la ballesta, ya la he disparado y sois dos hombres contra mí. No iba a mataros, sino a compensaros, pero ya veo que habéis mentido y os ha faltado voluntad real para mejorar vuestra suerte. Así que os concedo dos deseos, pero sabed que estarán condicionados. Lo que obtengáis por un sitio lo perderéis por otro. Yo me conformaría con lo que tuviese y no los usaría. Espero que dentro de vos haya algo de inteligencia y tampoco lo hagáis.

Dejó caer un cirio y una bolsa en medio de la estancia, se dio la vuelta y se dirigió a la destrozada puerta. Mientras montaba en el caballo les dijo:

Encendedlo al amanecer, pedid el deseo y apagadlo. Al anochecer el deseo estará cumplido. En la bolsa hay unas monedas para que podáis comprar una puerta nueva. Enterrad a ese miserable.

Y se fue al galope, dejando a los campesinos perplejos, confundidos y aterrados por la experiencia.

Al día siguiente, Jack y Tom fueron al pueblo a encargar una puerta nueva después de dar sepultura a Bradley, profundamente impresionados por lo acontecido la noche anterior.

Padre, ¿crees que será cierto lo de los deseos?

No sé, hijo, todo es muy extraño.

Si fuera cierto podríamos pedir una mula, o mejor un caballo, así podríamos tirar del arado con él y sembrar mas tierra, y recoger mas maíz, y quizá salir de pobres.

No sé, hijo. También nos dijo que lo que sacásemos por un sitio lo perderíamos por otro...

Pero no tenemos mucho que perder, padre. Somos pobres. ¿Qué puede pasar? ¿Que nos quiten las gallinas? Siempre podríamos vender el caballo...

Ya veremos, Tom, ya veremos.

Pero Tom siguió insistiendo todo el día, y por la tarde convenció a su madre, que cerró filas con el hijo. Jack, que en el fondo también estuvo tentado desde el principio, terminó claudicando. Dos días después decidieron encender el cirio y pedir un caballo.

Al anochecer, miraban nerviosamente cada uno por una ventana en busca de una señal, un ruido, algo que indicase el cumplimiento del deseo.

Un fuerte golpe en la puerta los sobresaltó, y mitad muertos de miedo, mitad henchidos de esperanza, descorrieron el pestillo y la abrieron.

Allí estaba el guerrero de mirada feroz montado en su caballo. Desmontó, y tendiendo la mano que sujetaba la rienda hacia Jack le dijo con su voz espantosa y gélida:

Aquí tienes. Que te aproveche.

Y dejó la rienda suspendida en el aire, apenas a un palmo de Jack y Tom que, sorprendidos, la dejaron caer al suelo. Se agacharon al unísono a cogerla y al levantarse comprobaron con sorpresa que el guerrero había desaparecido.

Ataron el caballo en el establo y se fueron a dormir sin saber muy bien qué pensar ni qué sentir. En realidad, estaban comenzando a vivir una pesadilla horrible, pero aún no lo sabían.

Mañana continuamos en otro post.

Besos a tod@s

jueves, 11 de diciembre de 2008

LA PRIMERA BODA GAY DE LA HISTORIA

Hola, amigos:

El puente lo he pasado en Madrid. El sábado quedamos para cenar con un amigo gay, y me ha venido a la memoria la primera boda homosexual de la historia, que además fué entre dos mujeres lesbianas, nada menos que en 1901, y en Galicia.

Marcela Gracia Ibeas y Elisa Sánchez Loriga pasaron por la vicaría de la parroquia de San Jorge (A Coruña) el 8 de junio de 1901. El cura no era ningún liberal dispuesto a crear escuela con su permisividad, sino una víctima de las circunstancias.

Para los padrinos y los testigos de aquel enlace, y por supuesto para el incauto párroco, quien besaba y hacía arrumacos a Marcela no era otra mujer, sino Mario, un treintañero de incipiente bigote. Una identidad ficticia permitió a Elisa contraer matrimonio con la que era su pareja desde hacía 12 años.

Nuestras amigas se habían conocido durante su etapa de estudiantes en la Escuela Normal de Maestras de A Coruña, donde se formaban las futuras docentes. Enseguida se hicieron inseparables y lo que comenzó siendo una amistad dió paso a una relación más intensa e íntima.

Las constantes alusiones a su amiga hicieron sospechar al padre de Marcela, un capitán del Ejército, que su amistad iba más allá de lo permitido socialmente, así que la mandó a Madrid con el propósito de que la distancia fuese el olvido, y también ante el temor a que el escándalo dañara la reputación de su hija... y de la familia.

Pero como el amor no tiene fronteras, la pareja siguió en contacto con muchísima discreción y manejaron muy bien los hilos para poder reencontrarse al finalizar sus estudios. Elisa fue destinada como maestra interina a Couso, una pequeña parroquia entre A Coruña y Finisterre. Muy cerca, en el municipio vecino de Vimianzo, se instaló Marcela.

El reencuentro avivó la llama de su relación y comenzaron a vivir juntas en una aldea llamada Calo. Allí permaneció Elisa dando clases cuando Marcela se marchó a otra localidad cercana, Dumbría, donde encontró trabajo en la casa escuela. Cada noche, Elisa recorría la docena de kilómetros que las separaban para dormir con su amada. Estamos en 1889.

La convivencia durante 12 años de las dos mujeres fué respetada por los vecinos, no se sabe si por desconocimiento del tipo de relación entre ambas o por una sorprendente transigencia, poco acorde con el espíritu represor de la época con las conductas homosexuales.

Todo cambió en 1901 cuando Elisa, que hasta entonces se relacionaba con las familias más distinguidas de Vimianzo y Dumbría, decidió romper con todo lo establecido. Dejó su trabajo como maestra y se marchó, apareciendo después convertida en Mario, el nombre que escogió para falsificar su identidad. Cambió la melena, las faldas, los refajos y los corsés por una apariencia distinta con pelo corto, traje y ademanes masculinos. También se buscó una personalidad y un pasado tomando como referencia a un primo suyo fallecido en un naufragio. Con imagen de varón, que ya no abandonó, se presentó en la Escuela para solicitar un certificado de estudios.

Su imaginación trasladó su infancia a Londres y transformó en ateo a su padre. La excusa perfecta para convencer al incauto padre Cortiella, párroco de la iglesia de San Jorge de A Coruña, para que lo bautizase. El 26 de mayo de 1901 pasó por la pila bautismal y recibió la primera comunión.

Poco después, Marcela anuncia a su familia que, tras una breve relación con un tal Mario, se ha quedado embarazada, que lo han hablado y han decidido casarse inmediatamente.

Para entonces, Elisa-Mario ya se había ganado la confianza del cura, que no vio nada extraño en su voluntad de contraer matrimonio con la señorita Marcela para compensar el desliz del bombo. La boda se celebró el sábado 8 de junio de 1901 con alevosía y madrugón -a las siete de la mañana- en la iglesia de San Jorge y como cualquier matrimonio que se precie, Marcela y Mario tuvieron su noche de bodas. La pensión Corcubión, en la céntrica calle de San Andrés, fue el escenario de su pasión.

Pero fueron descubiertas por la dueña, que montó un escándalo tremendo. La noticia salió en las primeras páginas de la prensa gallega y madrileña con titulares muy llamativos como "¡Un matrimonio sin hombre!".

Los testimonios recogidos en periódicos de los días siguientes revelan la expectación que desató el hallazgo de que Mario era en realidad una señorita.

"Buena responsabilidad se han echado sobre sí. Nunca será bastante para el escarmiento de actos que alarman a la sociedad quebrantando sus más fundamentales principios", exponía con tono doctrinal un famoso jurista, Ramón Vilas.

Sellier, el fotógrafo que retrató a la pareja, hacía alarde de un comportamiento señorial y se mostraba poco partidario de ejercer de vendedor de exclusivas, pese a las numerosas solicitudes de curiosos para ver la imagen de los contrayentes.

"No tendrá nadie el retrato como no me lo roben. Y para evitarlo ya tengo tomadas mis medidas".

No fueron demasiado efectivas, ya que aquí tenemos la foto:




Tras la publicación de la noticia, Marcela añadió mas leña al fuego al decir:

"Elisa y Mario son una misma persona, pero tiene más de hombre que de mujer"

Lo que aumentó el escándalo y desató un auténtico calvario para las dos mujeres casadas. Hubo negativas de empleo para Elisa-Mario, despido inmediato para Marcela, burlas y mucho menosprecio a su condición sexual. Finalmente, una orden judicial de busca y captura las obligó a poner pies en polvorosa.

Fueron vistas en Vigo y Oporto, y su pista se pierde en un barco con destino a América, probablemente rumbo a Argentina.

Una historia de amor entre dos mujeres, que vivieron la primera boda gay de la historia, o al menos el primer matrimonio homosexual de la historia de España, porque no hay registros anteriores en otros paises, que yo sepa.

Besos a tod@s menos a una, que además del beso se lleva un abrazo.