martes, 2 de febrero de 2010

LOS 300. MARIQUITAS DE ARMAS TOMAR.

Hola, amigos:

Hoy no hablamos de la famosa peli, ni de la Batalla de las Termópilas, sino de otro ejército de 300 hombres.

En España tendemos a burlarnos de los homosexuales identificándolos siempre con gentuza tipo Paco Clavel o Carmen de Mairena, y nos olvidamos con mucha frecuencia de gays ilustres como Federico García Lorca. Nunca se asocia el valor o el honor a una persona que sea homosexual y poca gente sabe que Alejandro Magno era bisexual por obligación, en el sentido de que debió compartir cama con mujeres porque era rey, pero realmente prefería las relaciones con hombres. 

Hoy hablamos de un ejército compuesto por 300 mariquitas que llegaron a ser la élite de la élite, muy diferente de lo que sugiere esta foto.


Los componentes del Batallón Sagrado eran el equivalente antiguo de los "marines" americanos y le dedico esta entrada a mi amigo Carlos Joel, excelente compañero de piso, mejor persona y gay, que no mariquita, porque tiene estudios.

La homosexualidad en la Grecia clásica no sólo era tolerada sino que estaba bien vista y en ocasiones otorgaba un cierto grado de estatus. Aunque era mucho menos frecuente de lo que se piensa, en el ejército griego no eran raras las relaciones homosexuales entre compañeros, incluso encontramos el caso de un héroe mitológico como Aquiles, que tenía a Patroclo como compañero de fatigas y lo que no eran fatigas.

Parece que el motivo de que se tolerasen estas relaciones no era tanto un espíritu libre como el desprecio hacia las mujeres que sentían los griegos en general y los guerreros en particular, considerándolas como seres inferiores.

También influia mucho que estaban en guerra continuamente y a veces resultaba imposibile disponer de prostitutas en número suficiente para todos los soldados.

El caso es que en el siglo IV a.c.un comandante de la ciudad de Tebas llamado Górgidas observó que los homosexuales combatían mucho mejor que los heteros si su pareja estaba cerca, y tuvo la ocurrencia de crear un cuerpo de élite formado exclusivamente por gays que fuesen amantes.

Seleccionó 300 guerreros y los ordenó por parejas. Estaban compuestas por un veterano, llamado Heniochoi (conductor), y otro componente más joven, llamado Paraibatai (compañero). Los entrenaron para pelear espalda con espalda, de manera que si en algún momento bajaban la guardia su compañero corría peligro de ser herido por detrás. De esta manera, los soldados se veían obligados a seguir luchando a pesar del cansancio o el miedo porque les importaba menos su vida que proteger a su pareja. Hacia el año 376 a.c. estaban listos para el combate.


El general Epaminondas, el que mandaba de facto en Tebas, quedó tan impresionado por la formación militar y el valor que demostraron que decidió profesionalizar el batallón. A sueldo del estado, en tiempo de paz guarnecía la ciudadela de Cadmea y en época de guerra ocupaba la vanguardia del ejército. En la primavera del año 375 a.C. el Batallón Sagrado tuvo un papel decisivo al derrotar a los temidos espartanos en la batalla de Tegira, confirmando las esperanzas que depositó en él el comandante Górgidas, y comenzó a forjar su leyenda en la Grecia clásica, dando de paso a Tebas una hegemonía en el Peloponeso que duró casi treinta años.

El final del batallón fue tan heroico como trágico. Una coalición de ciudades-estado, entre las que se encontraba Tebas, declaró la guerra a Macedonia después de sufrir una larga serie de provocaciones. El rey Filipo II, acompañado de su hijo Alejandro Magno, presentó la batalla que tanto deseaba en una localidad llamada Queronea. Al poco de comenzar, toda la infantería griega cedió ante el empuje del ejército macedonio y salió en desbandada. 


Todos menos los amantes del Batallón Sagrado, que fue masacrado sin retroceder un solo metro y solo se salvaron los que estaban demasiado heridos para seguir combatiendo. El rey Filipo quedó tan impresionado por el valor y el honor que demostraron que ordenó levantar un monumento en recuerdo de los caídos de Tebas, el León de Queronea.

En  1924 se hizo una excavación arqueológica y se encontró una fosa común con 254 cuerpos sin incinerar cuidadosamente colocados en siete filas. Los macedonios incineraban siempre a sus muertos, por lo que se deduce que los cuerpos eran griegos y solo podian ser los componentes del Batallón Sagrado. 

Filipo II y Alejandro Magno supieron honrar la valentía de sus contrarios.

Besos a tod@s.

3 comentarios:

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