martes, 22 de diciembre de 2009

OTRA HISTORIA PERSONAL

Hola, amigos:

No creo que publique nada hasta que pase la Navidad, así que aprovecho para felicitaros las fiestas y daros el pésame a todos los que tengais que aguantar cuñad@s plastas, suegr@s que incordian o familiares varios insoportables. Consolaos con que la mayoría son añadidos a la familia y por lo tanto putativos. Llamadlos así, vereis que caritas ponen.

Y ahora vamos con una historia personal, zona íntima de Mike, ya sabeis. Esta vez se trata de una cagada, y en sentido literal. Dedicado a mi amiga Ana, que no creo que me lea, pero sabe lo que pasó.

Corría el año 1997. En Sevilla se inauguró el Parque Temático Isla Mágica y yo trabajaba en una agencia de viajes. Me regalaron dos entradas para el día inaugural y allá que me fui con mi amiga. Hacía sol, pero no calor, corría la brisa, pero no había demasiado viento. El día era perfecto y las previsiones de pasarlo bien se fueron cumpliendo una a una con las atracciones, los espectáculos e incluso la comida, muy superior a la media de los parques temáticos. Hasta que llegamos al Jaguar.

El Jaguar es lo que se conoce como montaña rusa invertida. En lugar de ir en un cochecito con varias personas vas colgado como en un telesilla, con las piernas balanceándose en el aire, muy alto, muy rápido...

Aquellos que me conocen bien saben que de toda la vida las montañas rusas me han dado repelús. No sé, esa sensación de tener los huevos donde la tráquea y el estómago donde los testículos no me ha hecho gracia jamás.

Y además me da miedo.

Del malo.

Del de la caquita.

Pero cualquiera le decía a Ana que no me montaba, con lo persuasiva que era, los cojones que tenía, y lo alto que comenzó a decir "mira que eres mariquita..." por todo el parque.

Cuando ya habíamos estado en todas las atracciones y visto todos los espectáculos accedí a regañadientes. Y nada más ponerme en la cola supe que aquello no terminaría bien.

Miguel, que no pasa nada, que vamos juntos.

Ana, me cago.

¡Exagerado!

Ay Dios...

La cosa empezó a torcerse al llegar el puñetero Jaguar al apeadero. En cuanto el encargado quitó la cadenita Ana salió disparada, se montó un guirigay de cojones y al final acabé montado con un tío que no conocía de nada sin tiempo para cambiar el sitio. Mi amiga intentó darme ánimos a tres sillas de distancia.

¡ No pasa nada, Miguel ! ¡ Ya verás como te gusta !


Pero a mí la voz no me salió del cuerpo y no pude contestarle.

Como tampoco pude decirle nada al encargado cabrón, que me miraba con una sonrisilla traviesa al comprobar la palidez de mi cara.

Miré de refilón a mi acompañante, que parecía relajado, dueño de sí mismo, y traté de tranquilizarme contando hasta veinte. No fue muy bien porque me olvidé del cinco y mi vieja amiga, la tortuguita, hizo su aparición en cuanto aquello empezó a traquetear y moverse camino de la rampa.

En ese momento envidié a mi compañero, tan a gusto mirando el horizonte mientras yo me fijaba en un cordón de mi zapato que estaba un poquito flojo. Según llegaba al final de la subida, hizo acto de presencia la gotita de orina que anunciaba mi acojone más profundo y volví la cabeza hacia mi acompañante desconocido en busca de su seguridad.

En ese momento caímos.

Bueno, todos menos mi estómago y mi hígado, que se quedaron arriba gravitando un poco, y mi compañero de aventuras dijo sus primeras palabras:

¡¡¡ VOY A MORIR !!! ¡¡¡ VOY A MORIR !!! ¡¡¡ ME CAGO EN DIOOOOOOOOOOSSSS !!!

Y me agarró fuerte del brazo izquierdo, transmitiéndome todo su miedo, infortunio y dolor que se sumaron a mis propios temores, lo que me hizo gritar como jamás lo haya hecho un ser humano, cerrar los ojos y aguardar ansioso la llegada de la muerte por infarto para poder descansar eternamente.

Después de un milenio de subir, bajar, morir y renacer, aquel artefacto del demonio frenó casi en seco, lo que ayudó enormemente a que mis órganos se comprimiesen hacia adelante, la única dirección en que aún no lo habían hecho, dejándome sin respiración.

Tras comprobar que estaba vivo y que aún faltaban por llegar el hígado y el estómago, abrí los ojos y ví que mi acompañante desconocido me había agarrado el brazo con tal fuerza que mi mano se empezaba a poner un poquito azul.  En aquel momento me parecío curioso oirle llorar, jadear y darle gracias al cielo pero no lo veía hacer ninguna de esas cosas, solo miraba fijamente al infinito.

La razón es que el que hacía todo eso era yo mientras el encargado cabrón me soltaba el cinturón.

Desaloje, por favor.

Un minuto, por favor, que me tiemblan las piernas.

Desaloje, por favor, hay gente esperando.

Deme un respiro, hombre, que estoy fatal.

Y me miró con esa expresión de suficiencia que tienen los gallitos cuando se creen con la sartén por el mango. Estaba a punto de elegir una de las miles de maneras que tengo de matar un sujeto cuando llegó Ana, me empujó hacia la salida y le salvó la vida sin querer.

¡Vaya carita! Anda, no seas nena.

Ana, me cago.

Exageraoooooo.

Que no, joder, que me cago, que voy al baño pero ya.

Y menos mal que los baños estaban cerca porque la tortuguita no es que asomara la cabeza, es que tenía medio cuerpo fuera cuando logré sentarme en la taza.

Qué delicia.

Qué placer.

Hasta que caí en la cuenta de que no había papel higiénico, yo no llevaba kleenex y a diferencia de mi casa no había ningún periódico cerca.

Algún día dedicaré un post exclusivo a todas las maneras que se me ocurrieron de limpiarme, algunas de ellas francamente imaginativas, pero para abreviar diré que opté por utilizar uno de mis calcetines. El problema es que entre unas cosas y otras yo no estaba para pensar mucho más, e hice lo que acostumbraba tras poner las caquitas: dejarlo caer a la taza tras acariciar mi culito.

Y montar un atasco del carajo, claro.

Tras mucho pensar intenté cogerlo con el otro calcetín, pero olía tan mal y era tan complicado que al final opté por tirar de la cadena, pensando que las instalaciones serían nuevas, por lo tanto amplias, y el chorro de agua sería potente.

Solo se cumplió lo de que eran nuevas. Cuando vi que el nivel de agua marrón, apestosa y maloliente subía, se acercaba al borde de la taza y amenazaba claramente con desbordarla, hice lo que un hombre que se precie debe hacer: huir.

En mi alocada estampida tropecé con alguien y lo derribé. Yo tenía un buen motivo para levantarme rápido pero él no era consciente de lo que pasaba y quiso recriminarme desde el suelo. Aún recuerdo sus palabras:

¡Eh! ¡A ver si tienes mas cuida...! pero... ¿qué es esto? ¡¡¡ HIJO DE PUTAAAAAAA !!!

 Pero yo ya estaba empujando con muchas prisas a Ana hacia la salida del parque.

¿Qué ha pasado?


Nada, ya conoces mis caquitas malas. No se puede ni respirar allí dentro.


Ayyyy... ya le has dado la tarde a un desgraciado.


No lo sabes tú bien.

Pero eso lo dije para mí.

Besos a tod@s

lunes, 14 de diciembre de 2009

UN MARISCAL FALTO DE COJONES


Hola, amigos:

Toda guerra es un sinsentido, al menos para mí, pero algunas circunstancias de la que hoy nos ocupa no pueden ser más ridículas. Y sería para partirse de risa si no fuese porque le costó la vida a mucha gente y algunas de sus consecuencias forman parte de los problemas que hoy arrastra el pueblo palestino.

He tenido el dudoso honor de ver de cerca, muy cerca, lo estrechos de miras y lo ceporros que pueden llegar a ser los militares, pero al menos he comprobado que son valientes en su mayoría. Mas les vale, porque cuando pierden el valor les cae lo que un buen amigo mío define así: "pequeño canapé frío, típico de los domingos, elaborado principalmente con trigo horneado". Una ostia, vaya, que es exactamente lo que se dieron los árabes en 1967 cuando se enfrentaron a Israel en una guerra tan fugaz que solo duró seis días, y de ahí el nombre que recibió, aunque en realidad el pescado estaba vendido en las primeras seis horas de conflicto.

Todo viene de antiguo, de cuando la ONU decide dar un trocito de tierra a los judíos en 1948, tras la Segunda Guerra Mundial, para acabar con su condición de parias errantes por el mundo. Un trocito que reclamaban a base de atentados terroristas contra los británicos, los gestores del protectorado de Israel. Un trocito de un territorio ocupado por un pueblo llamado palestino y que se negaba a cederlo, algo que no debería haber sorprendido al mundo ya que llevaban allí unos 1.200 años. Viene a ser como que de un día para otro traguemos con que Marruecos se quede con Andalucía porque ellos estuvieron en la península 750 años (desde el 711 hasta 1492) y nosotros llevamos instalados menos de 600.

El caso es que los palestinos se vieron despojados de sus derechos sobre parte de unas tierras que reclamaban como suyas. Cuando los británicos se marcharon dejando Israel en manos de los judíos, declararon la guerra con el apoyo de la comunidad islámica. Ante la situación que se estaba formando EEUU apoyó a Israel, y como respuesta los árabes pidieron el cariño de la URSS. En plena guerra fría el pitote que se había montado era monumental, acabando con una paz forzada en la que los israelíes, ganadores del conflicto, acabaron con más territorio del que les concedió la ONU y los palestinos solo consiguieron retener Gaza y Cisjordania bajo su control.

En 1968, el mapa de la zona era este:


Podeis comprobar que Israel tiene justo al norte al Líbano, al este Siria y Jordania y al sur la Península del Sinaí, dominada por Egipto formalmente pero ocupada por tropas de la ONU. Solo Jordania mantenía una política de relativa neutralidad porque su rey, Hussein, no estaba convencido de que la guerra fuese una buena solución.

A primeros de Mayo de 1967, el servicio secreto soviético, el KGB, informó a Egipto de que Israel estaba concentrando tropas en la frontera con Siria para una inminente invasión. La concentración era inexistente y el Primer Ministro israelí invitó al embajador soviético a comprobarlo. Israel argumentó, con una lógica aplastante, que bastante tenían con aguantar sus propias fronteras y no había más que ver la inmensidad del territorio Sirio para comprender que una invasión estaba condenada al fracaso, pero el embajador ruso contestó que su misión era comunicar las verdades rusas, no comprobarlas. En otras palabras, que no se jugaba el destierro a un Gulag por contradecir al todopoderoso KGB.


Egipto dió por buena la noticia y se la transmitió al resto de los países. Aunque Jordania seguía sin estar convencida Siria sí la creyó y pidió ayuda al presidente-dictador egipcio, Gamal Abdel Nasser. El amiguete decidió intimidar a Israel con tanta energía como poco cerebro: expulsó de la península del Sinaí a  las fuerzas de la ONU, y trasladó allí más de 70.000 soldados.

Seguramente Nasser no deseaba una guerra, sino tirarse un farol para arrogarse el papel de líder de la zona y obtener ventajas políticas. El problema es que los demás países árabes, incluyendo a los palestinos, ni siquiera se plantearon que fuese una fanfarronada y organizaron una campaña mediática en prensa, televisión y radio tan estrepitosa que los judíos se convencieron de que sus vecinos estaban a punto de invadirlos. Al fin y al cabo, tenían la certeza de que sus unidades en la frontera siria no existían, pero los 70.000 soldados egipcios en la frontera israelí sí.

El Primer Ministro de Israel pensó que de perdidos al río. Si iban a tener que pelear, al menos darían la primera bofetada y pidió al Estado Mayor un plan de ataque preventivo, tan desesperado como ilegal, porque no estaba muy claro si Egipto trataba de invadir o de intimidar. El plan consistía en atacar a los aviones egipcios en sus bases, antes de que despegasen, para al mismo tiempo atacar con el ejército de tierra en una operación relámpago. Sobre el papel, las posibilidades israelíes eran muy escasas, porque aunque la ofensiva tuviera éxito, todo el ejercito se concentraría en el sur, dejando el resto de fronteras a merced de los demás países árabes hostiles.

Pero cuando todo parecía perdido, el destino les echó una mano en forma de militar cobardica.


La mañana del 5 de Junio, minutos antes del ataque, el Mariscal Hakim Amer, Ministro de Defensa egipcio, había despegado en visita de inspección al Sinaí con la mitad de sus generales, incluyendo al jefe de la Fuerza Aérea. No se debía fiar demasiado de sus propios soldados porque para viajar con seguridad había prohibido a la totalidad de las baterías antiaéreas del país abrir fuego contra cualquier avión que sobrevolase la zona.

Los israelíes, que desconocían este hecho, atacaron simultáneamente trece aeropuertos con todos los aviones disponibles sin recibir un solo disparo. A media mañana, 286 de los 420 aparatos egipcios estaban destruidos y el resto no podía despegar porque todas las bases estaban inutilizadas.

El desgraciado Amer tardó noventa minutos en encontrar una pista operativa donde aterrizar. Lo logró en un remoto aeródromo y tuvo que desplazarse al Cuartel General Supremo... en un taxi. Cuando llegó, las columnas acorazadas israelíes arrasaban el Sinaí y las tropas de tierra egipcias huían en desbandada, vendidas ante los temibles cazas judíos.


Hasta aquí podemos entender que Amer fue tomado por sorpresa y que la falta de fuego antiaéreo era  pura mala suerte, pero es que ahora viene lo más curioso.

Nuestro amigo sabía que Nasser era cualquier cosa menos comprensivo. Al ser consciente del desastre se hizo una caquita en los pantalones tan espantosa que decidió ocultarle lo ocurrido y ver si las cosas se enderezaban. Para ello tuvo la genial idea de intentar que el resto de países árabes entraran en guerra elaborando la mentira más grande de la historia militar. El parte que redactó decía que ante un ataque sorpresa israelí el ejército egipcio había derribado 161 aparatos judíos y el propio Amer notificó a sus aliados la destrucción del 75% de la fuerza aérea israelí, además de una imaginaria ofensiva terrestre propia.


A mediodía, el engañado presidente Nasser lió a su vez al moderado Rey Hussein de Jordania, informándole de la paliza recibida por los judíos y animándole a invadirlos antes del fin de la guerra. Los israelíes, que habían dado a Hussein la seguridad de no atacarle si no eran atacados, esperaban recibir unas salvas simbólicas pero lo que les llegó de Jordania fue un bombardeo en toda regla imitado más al norte por los sirios, ya que creían que Israel estaba indefenso. La aviación israelí, calentita y con la moral por las nubes, atacó las desprevenidas posiciones árabes. Poco después de mediodía la totalidad de la fuerza aérea jordana y dos tercios de la siria estaban destruidas al precio de doce aparatos y sus ejércitos de tierra habían puesto pies en polvorosa.

Los jordanos agacharon la cabeza pero los sirios se hicieron caquita, como nuestro Mariscal, y también se jactaron de vapulear a los judíos. Como, en teoría, los egipcios estaban camino de Tel-Aviv, el entusiasmo árabe era indescriptible y hacia las cuatro de la tarde el presidente Nasser se presentó en el puesto de mando del Ministro Amer para felicitarlo en persona.

Nadie sabe lo que ocurrió en aquél cuartel y no consta lo que el cabreadísimo Nasser le dijo al acojonado ministro cuando se enteró de todo, pero sí  se sabe que Amer se suicidó en su calabozo mientras esperaba la formación de un consejo de guerra.

Nasser intentó una huída hacia adelante. Para salvar el honor árabe y provocar la intervención soviética difundió la versión de que el ataque aéreo inicial había sido efectuado por aviones anglo-norteamericanos. Al día siguiente Egipto, Argelia, Siria, Sudán, Yemen e Irak romperían relaciones diplomáticas con los EEUU y el Reino Unido. Los teléfonos de la Casa Blanca estaban literalmente al rojo vivo, intentando averiguar lo que había pasado y que la URSS no declarase la Tercera Guerra Mundial.

Los israelíes, mientras tanto, guardaban un silencio sepulcral, porque en realidad su ataque a Egipto perfectamente podía ser declarado ilegal por la ONU y se limitaron a ocupar el mayor territorio posible aprovechando la huida de los ejércitos árabes, entre ellos los que les quedaban a los palestinos.

Pero la pantomima duró solo cinco días, al cabo de los cuales se descubrió el pastel y la ONU ordenó el alto el fuego. La guerra había comenzado la mañana del 5 de Junio de 1967 y había terminado el 10 de Junio por la noche, quedando la mañana siguiente, el 11 de Junio, como el dia de finalización.

Aquí teneis el antes y el después de la guerra:



Israel terminó conquistando todo el territorio que la ONU había dejado a los palestinos (Gaza y Cisjordania), los Altos del Golán (una posición defensiva estratégica en la frontera con Siria) y toda la península de Sinaí, aunque esta última se la devolvió posteriormente a los egipcios como compensación por otra guerra.

Casi todo gracias al Mariscal Hakim Amer, tan torpe como cobarde, aunque me da la sensación de que con lo espesitos de mollera que son en la zona mas tarde o mas temprano la guerra hubiese estallado igual y probablemente con un resultado similar.

Besos a tod@s

sábado, 12 de diciembre de 2009

QUÉ POCA VERGÜENZA...

Hola, amigos:

Acabo de darme cuenta de que el blog ha sobrepasado las 4.000 visitas... y alucino. Muchas gracias a todos.

Hoy soy breve porque entre el Puente, la gripe y un viaje a Barcelona estoy muy liado, pero echadle un vistazo a este artículo del diario El Pais de ayer:

El Papa expresa "rabia y vergüenza" por los casos de pederastia en Irlanda.

Y leed mi post "Me cago en la Iglesia Católica".

Pues eso, que no sé cuanta rabia le da a Ratzinger, pero vergüenza, lo que viene a ser vergüenza, muy poca le debe quedar.

Besos a tod@s



jueves, 3 de diciembre de 2009

LA SILLA ELECTRICA


Hola, amigos:

Se acerca la Navidad.

La próxima nómina la retención de IRPF de Hacienda es la ostia, porque sabe que hay paga extra.

Paga extra que me gastaré entre los regalos que debo comprar a última hora y la retención en la cuenta que me hacen todos los años por el IBI de hace diez, que ya he debido pagar al menos tres veces, y un sellito de un coche que ya ni siquiera existe y está dado oportunamente de baja, pero eso al Ayuntamiento le importa un carajo.

Así que mi humor está de perros, y solo me apetece de hablar de un invento terrible, un instrumento de matar a sangre fría, que quizá solo podría justificar su existencia en caso de que diera asiento a los tertulianos de Sálvame o DEC o "ese familiar/amigo/lo que sea" que aparece una vez al año para dar por culo, siempre en estas fechas, a ver si pilla invitación a cenita o parte de la cesta de Navidad.

En fin, que sabemos para lo que sirve nuestra silla, sabemos cómo funciona, pero casi nadie sabe que fue un negocio ruinoso para el inventor del telégrafo, Thomas Edison, y la clave para que hoy disfrutemos de la electricidad tal como lo hacemos. La historia es francamente curiosa.


A finales del siglo XIX, Thomas Alva Edison se autodenominó inventor de la bombilla eléctrica, aunque en realidad lo que hizo fue perfeccionar el material con el que se hacían para aumentar su duración. Puso las bases para iluminar nuestro planeta y fundó la empresa General Electric financiado por el banquero JP Morgan. Los generadores que diseñó producían un tipo de electricidad llamada corriente continua, que quiere decir que fluye siempre en el mismo sentido.

Su gran competidor era George Westinghouse, que era bastante peor inventor pero tenía un genio a sus órdenes llamado Nikola Tesla, el descubridor de la corriente alterna, que quiere decir que cuando fluye cambia de sentido cada cierto tiempo.

Aquí tenemos a la izquierda a Westinghouse y a la derecha a Tesla:



Aquí los amigos se peleaban por todo. Edison defendia la corriente continua, de baja tensión, conducida por cables bajo tierra. Westinghouse la corriente alterna descubierta por Tesla, de alta tensión, conducida por cables por el aire. Lo que estaba en juego era nada menos que la concesión del tendido y suministro eléctrico de todos los estados de EEUU, un dineral.

Y de momento ganaba Westinghouse, porque el sistema desarrollado por Tesla permitía a la corriente llegar mucho más lejos que el de Edison y sus generadores eran más potentes y más baratos.


En 1881 el dentista Albert Southwick estaba caminando por una calle en la ciudad de Buffalo, al norte del estado de Nueva York, cuando vio a un obrero tocar las terminales de un generador eléctrico y quedar carbonizado en cuestión de segundos. Sorprendido por la rapidez del desenlace, el dentista pensó inmediatamente que la víctima no había sufrido nada. Al día siguiente le comentó el episodio a un amigo, el senador David McMillan, que a su vez le relató la anécdota al gobernador de Nueva York, David B. Hill, justo cuando el amiguete le daba vueltas a la idea de sustituir la horca por otro método más compasivo como forma de ejecución. Hill pidió entonces a la Legislatura que tomara en cuenta la electricidad para reemplazar a la horca y se decidiera lo más rápidamente posible.

Y rápidamente se tomó en consideración, para lo que es un organismo burocrático. Cuatro años después se formó una comisión en el Congreso para discutir la cuestión.

Mientras tanto, el avispado Edison hizo investigaciones acerca del suceso del dentista y el obrero carbonizado y descubrió que el generador que había tocado el desgraciado era de corriente alterna, de los usados por la firma Westinghouse. Mejor aún: el obrero trabajaba para Westinghouse, así que Edison y sus asociados comenzaron a propalar que la corriente de su contrincante era muy peligrosa y nadie debía permitir que un elemento de semejante poder destructivo fuese de uso urbano y doméstico. Obviamente, la electricidad que debía llegar a las casas de los estadounidenses era la suya. Más cara, sí, pero segura y confiable.


Puso en marcha una gigantesca campaña nacional al mando de Harold P. Brown, inventor, electricista, ingeniero y un gran charlatán, que trabajaba en el equipo de A.E. Kenelly, jefe de investigadores del laboratorio que Edison tenía en Menlo Park, Nueva Jersey. El amigo Brown preparó un aparato en forma de pequeña silla, lo patentó y se dedicó a ir de ciudad en ciudad haciendo la siguiente demostración: amarraba a esa pequeña silla a un gato y le aplicaba la corriente alterna de Westinghouse hasta dejarlo frito.


Con el paso del tiempo, Brown achicharró liebres, caballos, vacas y hasta un orangután en la ciudad de Albany. Thomas Edison avaló todos esos experimentos y se atrevió a hacer personalmente algunos otros. En una ocasión fotografió y filmó la electrocución que él mismo llevó a cabo de una elefanta de circo llamada Topsy que al escaparse había matado a tres personas.

El macabro vídeo podeis verlo pinchando aquí.

Sus conclusiones estaban claras: la corriente de Westinghouse mataba; la de él hacía un poco de daño pero era inofensiva. En 1888, el gobernador de Nueva York firmó el decreto que establecía la silla eléctrica como método legal de ejecución de criminales y se eligió la corriente alterna.


Westinghouse estaba indignado y se negó a prestar sus aparatos para matar delincuentes. No quería que su sistema quedara asociado con la muerte y comenzó a dar discursos donde apelaba a la conciencia de los ciudadanos que siempre acababan con la frase “es una ejecución inhumana y antinatural, equivalente a quemar vivo”. Pero no pudo hacer nada porque el gobierno compró tres generadores Westinghouse a través de intermediarios que fueron adaptados a una silla por el mata-animales Brown bajo la supervisión de Edison.

La primera ejecución en la silla fue la de un tal Ernest Chapeleau, un francés nacionalizado estadounidense, en la prisión de Sing Sing en Nueva York. No se sabe muy bien lo que pasó porque no hubo apenas testigos, pero debió producirse un fallo bastante grave porque Chapeleau salió de la sala con quemaduras de tercer grado pero vivo. Como su sentencia decía "será ejecutado en la silla eléctrica" no insistieron, pues no decía “ejecutado hasta morir”. Rápidamente, modificaron el texto de las sentencias y lo añadieron para las ejecuciones siguientes.

William Kemmler fue el segundo. Era un verdulero de origen alemán de 40 años, sentenciado por matar a hachazos a su amante-novia, la pobre Matilda Tille Ziegler, por celos. Kemmler apeló alegando que la electrocución en la silla era inconstitucional por tratarse de un método cruel e inusual, casualmente el mismo argumento utilizado posteriormente en 1972 por la Corte de los Estados Unidos para abolir la pena de muerte, al menos por un tiempo. El propio Westinghouse presentó los argumentos de Kemmler, pero Edison y su lacayo Brown quisieron ser testigos del Estado para desmentir que se tratase de una pena cruel. La Corte quiso estar a la altura de los avances tecnológicos y rechazó la apelación.

A Kemmler se le informó de que sería ejecutado a las 06:00 del 06 de Agosto de 1890, y en esta ocasión en mitad de un circo mediático, con multitud de testigos. La foto de la ejecución del alemán que podeis ver es auténtica.




El día señalado, cuando las lámparas del panel de control se iluminaron, indicando que habían alcanzado 700 voltios, un tal Edwin Davis accionó el interruptor que permitió a la corriente fluir hacia la silla. La electricidad corrió por el cuerpo de William Kemmler durante 17 segundos en los que se convulsionó contra las correas y su rostro se volvió rojo brillante. Uno de los presentes llegó a decir, exaltado: “¡Vivimos en una mejor civilización a partir de este día!”.

Su parlamento quedó ahogado por el del médico que fue a examinar al verdulero: “¡Está vivo! ¡La corriente, pronto!”.

Los funcionarios dieron apresuradamente la orden de conectar de nuevo la corriente. El generador estaba apagado y pasó algún tiempo hasta alcanzar el voltaje otra vez. Mientras tanto, Kemmler gimió y luchó para tomar aire ante los horrorizados testigos. Cuándo el generador alcanzó 1.030 voltios la corriente se conectó otra vez a la silla, y esta vez se mantuvo algo más de un minuto, hasta que comenzó a salir humo de la cabeza de Kemmler. Había un tremendo olor a carne quemada y pudo oirse un curioso sonido crujiente cuando la corriente fue retirada. El preso estaba muerto.


La cobertura periodística fue desde lo sobrio a lo sensacionalista y algunos periódicos llegaron a decir que habían salido llamas de Kemmler, como podeís ver en la ilustración de la época.

Algunos de los testigos se preocuparon por lo que vieron y opinaron contra este método de ejecución armando un revuelo público considerable, que no fue suficiente para mover a los legisladores a revocar la ley de electrocución. Westinghouse comentó después: “Lo hubieran podido hacer mejor con un hacha”, más molesto que nunca porque ya se empezaba a decir que los electrocutados eran en realidad Westinghauseados. El único que parecía feliz era Edison, que se veía tiunfador.

Pero no fue así en absoluto. La industria americana valoró que los generadores de corriente de Westinghouse habían dado en pocos minutos 700 Watios, y tras un breve descanso llegaron hasta 1.030 W, potencias que los de Edison ni siquiera soñaban con alcanzar, sugiriendo adoptar la corriente alterna para sus fábricas. Para garantizar la seguridad de los hogares americanos bastaba poner un limitador de potencia que encima era muy barato, lo que hoy conocemos como "magnetotérmicos" y nuestras abuelas llamaban "los plomos". El resto del mundo se hizo eco y hoy la corriente continua es sólo un trocito de historia.

Y debo decir que me alegro. Sin lugar a dudas, Thomas Edison fue un gran inventor y un genio, pero también un hijoputa de cuidado.

Como algun@s que te llaman cuando se acercan estas fechas haciéndose pasar por amig@s...

Besos a tod@s

lunes, 30 de noviembre de 2009

LA MALDICION DE LA WHITE STAR LINE




Hola, amigos:

Hoy hablamos de la maldición que hizo presa en White Star Line, la naviera propietaria del Titanic. El post no va de la historia de este barco, muy conocida, sino de aspectos que quizá no sepáis, como que no era único, sino parte de un lote de tres barcos idénticos; que fue el segundo en nacer, no el primero; o que su historia es la más dramática, pero no la más curiosa. En realidad, podréis comprobar que en esta entrada lo más llamativo es la capacidad que tuvo la pobre naviera para acumular desgracias en todos sus barcos.

Y hablo de desgracias porque aunque parezca increíble, los barcos de White Star Line no solo se ajustaban a la ley, sino que la superaban, como el caso tan controvertido de que el Titanic llevase pocos botes salvavidas.

En caso de accidente navegando por rutas transitadas, la legislación consideraba que los barcos modernos tardaban en hundirse el tiempo suficiente como para dar la señal de socorro a buques cercanos. La función de los botes  no era alojar a toda la gente, sino trasladarla del barco siniestrado al barco de rescate. El número obligatorio se establecía en un porcentaje de la capacidad del buque, dando por supuesto que había tiempo de hacer varios viajes. Según la normativa, que se cambiaría a raíz de la tragedia, el Titanic debía llevar dieciseis botes. Llevaba veinte.

Pero antes de seguir, permitidme un inciso, no sea que la caguemos como en el post de la familia Thyssen.

Estimado David R L Lichtfield:

Aunque poco probable, es posible que alguna de las fotos que se muestran en la entrada sea de su propiedad. Si no me notifica lo contrario, asumo que puedo publicarla. Si prefiere que sea eliminada, en vez de un comentario es mejor que mande un e-mail con los siguientes datos:

     ATT:  Elmás K. Brito                                                                     
     REF:  "La foto viene en Google pero es mía"                                  
     Dirección de correo electrónico: vayapordios@sigoenelarmario.arg


Bien, volvamos a lo nuestro.

A principios del siglo XX, había dos navieras compitiendo por las travesías del Atlántico Norte: White Star y Cunard. Analizando bien los números, nuestra compañía llegó a la conclusión de que su competidor ganaba más dinero porque sus barcos, el Lusitania y el Mauritania, tenían una primera clase más confortable y exclusiva, con lo que atraía a la mayor parte de la gente rica, así que decidió renovar su flota y construir  en el puerto de Belfast tres transatlánticos idénticos, los más grandes, modernos y lujosos del mundo. Como los astilleros solo tenían dos diques con capacidad suficiente, se decidió construir primero el Olympic y el Titanic. En cuanto uno de los dos empezase a operar se comenzaría con el tercero, el Gigantic.

Aquí teneis un cartel promocional de la naviera:




La construcción comenzó en Diciembre de 1908, siendo el Olympic el primero en estar listo para la botadura el 20 de Octubre de 1910, efectuando el 14 de Junio de 1911 su viaje inaugural. En Agosto, la finalización del Titanic estaba próxima y los trabajos para construir el Gigantic habían comenzado en el dique desocupado. Todo parecía ir sobre ruedas.

Los problemas para White Star comenzaron en Septiembre, cuando su buque insignia pasó demasiado cerca del barco de guerra HMS Hawke al salir del puerto. Las potentes hélices y el tamaño del Olympic atrajeron al otro barco y lo hizo chocar contra él. El transatlántico acabó con un enorme boquete en el costado, por lo que tuvo que regresar a los astilleros para su reparación.

Aquí podeis ver como quedaron el Olympic y el Hawke después de la colisión:









Este contratiempo supuso la paralización de los trabajos en el Titanic, al que hubo que sacar del dique seco para atender a su hermano. Cuando parecía estar reparado se rompió una pala de una hélice mientras hacían las pruebas de motores, debiendo volver de nuevo al dique seco. Todos estos inconvenientes ocasionaron un retraso enorme en la terminación del Titanic y la suspensión momentánea de la construcción del Gigantic por falta de espacio físico en los astilleros.

Aquí teneis dos fotos del puerto de Belfast a finales de Septiembre de 1911, las únicas en las que aparecen los dos barcos a la vez. El Olympic es el de la izquierda, reparando la hélice, y el Titanic el de la derecha, casi terminado, con una enorme grua a su lado.

En esta foto el Titanic parece más grande por la perspectiva:




En esta el punto de vista ha cambiado y ocurre lo contrario:


 
En Marzo de 1912, White Star se las prometía muy felices, porque el Titanic se preparaba para el viaje inaugural del mes siguiente y por fin habría dos buques cubriendo la línea Southampton-Nueva York, pero el 14 de Abril, el Olympic recibió el SOS de su hermano, que se hundía. Estaba a más de 500 millas y no pudo hacer nada, aunque después de la tragedia tuvo que ocuparse de la tarea de recoger los botes salvavidas que el Carpathia había rescatado del naufragio y dejado en Nueva York. Se les borró el nombre Titanic y fueron usados para aumentar la capacidad de salvamento del Olympic.

A estas alturas la White Star estaba al borde de la ruina. De los tres barcos insignia uno estaba hundido, al otro le quedaban todavía dos años para estar terminado y el único operativo apenas cubría los gastos de la travesía, porque ser gemelo del Titanic no ayudaba demasiado a dar seguridad a la gente. A base de créditos, aprovechando que uno de sus máximos accionistas era el famoso banquero J.P. Morgan, la compañía reformó el Olympic dotándolo de muchos más botes salvavidas y reforzando la seguridad. También agilizó la terminación del Gigantic, al que se decidió cambiar el nombre por Britannic, ya que el original recordaba mucho al barco hundido. Por fin, el 26 de Febrero de 1914 fue botado y la White Star anunció con enorme satisfacción y alivio que pronto comenzaría a operar. La gente empezaba a confiar en la compañía y todo parecía mejorar.

Pero el destino tenía otros planes.

Cuando estalló la I Guerra Mundial el 14 de Agosto de 1914, el gobierno de Gran Bretaña requisó para la Royal Navy el Olympic para usarlo como transporte de tropas y aprovechó que el Britannic no había salido aún del astillero para convertirlo en barco-hospital.

Aquí tenéis el Britannic pintado de blanco con el emblema de la Cruz Roja.



El 21 de Noviembre de 1916, la White Star recibió del Ministerio de la Guerra la noticia de que el Britannic había chocado contra una mina flotante, en Grecia. Como estaba cerca de la costa, al capitán  no se le ocurrió otra cosa que acelerar para intentar embarrancar en la playa, lo que hizo que el agua entrase a mayor velocidad por el agujero. Acabó hundiéndose en poco más de una hora, aunque las nuevas medidas de evacuación demostraron su eficacia, salvándose la inmensa mayoría de la gente que transportaba. Solo se mantuvo a flote un año y medio y no llegó a trabajar ni un solo día para la compañía que pagó su construcción.

El Olympic, al mando del intrépido capitán Bertrand Hayes, tuvo mejor suerte y protagonizó uno de los sucesos más curiosos de la guerra. El 12 de mayo de 1918, el submarino alemán U-103 avistó a nuestro barco y lanzó el último torpedo que le quedaba, fallando el blanco. Viéndolo tan grande, tan indefenso y tan cerca, los alemanes decidieron subir a la superficie para intentar hundirlo con el pequeño cañón de proa que equipaba el sumergible. Pero el capitán Hayes consiguió maniobrar con una rapidez que los alemanes no esperaban, enfiló la proa hacia el costado del submarino, lo embistió y lo partió en dos, provocando su hundimiento en cuestión de minutos. Que se sepa es la única vez en la historia que un barco civil desarmado hunde uno de guerra a propósito.

Abajo el Olympic, pintado de camuflaje:



Parece psicodélico, pero visto a través de un periscopio de la Primera Guerra Mundial, y teniendo en cuenta que los submarinos solían atacar de noche, en alta mar, con oleaje y movimiento, el camuflaje era muy efectivo porque disimulaba el contorno del barco. En total, el Olympic transportó 41.000 pasajeros civiles, 66.000 soldados, 12.000 miembros del batallón trabajador chino y sobrevivió a cuatro ataques de submarinos. Al acabar la guerra era el único barco de gran calado que le quedaba a flote a la White Star y tras ser restaurado continuó transportando pasajeros.

La naviera sobrevivió como pudo hasta el 15 de Mayo de 1934, un día de muchísima niebla. No está claro cómo pudo suceder, pero el Olympic embistió al buque-faro Nantucket, hundiéndolo y matando a nueve de los once tripulantes. En Marzo de 1935, ahogada por las deudas entre el incidente y la Gran Depresión, tuvo que sufrir la humillación de ser absorbida por Cunard, su eterno rival, que retiró inmediatamente al gran transatlántico del servicio. Fue parcialmente desguazado en Escocia, donde a lo largo de dos años se extrajeron los elementos más valiosos para subastarlos. Finalmente, en 1937, lo que quedaba del barco fue remolcado hasta Inverkeithing para ser demolido.

Aquí teneis un billete de tercera clase en el Olympic:



Hay varias curiosidades al respecto de estos barcos.

- La naviera siempre dijo que sus nuevos buques eran "casi insumergibles", fue la prensa la que eliminó el "casi".

- Los barcos solo necesitaban tres chimeneas, la cuarta estaba de adorno. White Star intentó aprovecharse de la buena imagen de los barcos de Cunard para resaltar que los suyos eran como los de la competencia pero mucho mas grandes. Incluso fueron copiados los colores azul oscuro del casco y blanco de las cubiertas.

Aquí podeis ver el Lusitania, de Cunard, que sí necesitaba las tres chimeneas y se puede ver humo en todas ellas:



Y estas fotos son del Olympic. Podeís comprobar el parecido, y que de la cuerta chimenea no sale humo:







- Ni el Olympic ni el Titanic fueron bautizados conforme a las costumbres marineras, y dice la leyenda  que ese fue el origen del mal fario de White Star. El Britannic sí fue bautizado en condiciones porque lo hizo la Royal Navy, pero antes la naviera había cambiando el nombre original, Gigantic, y entre los hombres del mar eso también es sinónimo de muy mala suerte.

- El capitán del Titanic, Edward Smith, fue el capitán del Olympic hasta que fue trasladado de buque.

- El Olympic es el barco en el que se inspiró Giuseppe Tornatore para filmar una maravillosa película que no tiene nada que ver con el Titanic, "La leyenda del pianista en el océano", que recomiendo vivamente a todo aquel que no la haya visto, y también fue la referencia de James Cameron para recrear en su película "Titanic" el interior del buque.



- Hay poquísimas fotos del Titanic. Absolutamente todas las instantáneas del interior y la inmensa mayoría de las del exterior son del Olympic, el primero en ser presentado en sociedad. De hecho, la mayor parte de las veces que nos topamos con una foto del barco naufragado en realidad estamos viendo a su hermano. Esta es una de las pocas en las que tenemos la certeza de ver al Titanic, saliendo del muelle hacia una Nueva York a la que nunca llegaría, y podeis volver a comprobar que solo sale humo de tres chimeneas, porque la cuarta era de pega:




Besos a tod@s

martes, 24 de noviembre de 2009

EL LADO OSCURO DE LOS THYSSEN

Hey, hey, hey, atentos al final del blog, con el comentario y mi respuesta...

Hola, amigos:

En todas las familias hay una oveja negra. Bueno, salvo la mía, que tiene cabra negra en vez de oveja, porque el animalito en cuestión soy yo y no puedo tener más cuernos.

Pero a lo que vamos. El apellido Thyssen lo asociamos a la baronesa Carmen Cervera, bien amarrada a los árboles del Paseo del Prado, o a su hijo Borja y sus test de paternidad, pero se trata de una familia alemana ilustre, con un pasado algo menos brillante de lo que debería. Esta historia se refiere al difunto Barón Thyssen, más concretamente a su hermana, la también difunta Condesa Margit, que Satanás tenga bien acogida en su seno.

Nos situamos en un pueblo llamado Rechnitz, en la frontera entre Austria y Hungría, a mediados de Marzo de 1945. Los alemanes estaban prácticamente derrotados y la II Guerra Mundial se acercaba a su fin. Todos los nazis y simpatizantes que habían podido huir ya lo habían hecho, solo se quedaron los que no tenían donde ir o los que no querían dejar sus posesiones en manos de los rusos porque no tenían nada más.

El Ejército Rojo estaba a tan sólo 15 kilómetros del castillo de Rechnitz, propiedad de Margit Thyssen y su marido el conde Ivan Batthyany. Desde Octubre de 1944 los nazis estaban construyendo una fortificación alrededor del mismo para frenar el avance soviético. La mano de obra estaba formada por prisioneros judíos sacados de varios campos de concentración. la mayoría llegaba a pie desde Budapest dejando por el camino centenares de muertos y los que lograban llegar se encontraban por lo general en un estado físico lamentable.

El 24 de Marzo de 1945 llegaron a Rechnitz 600 judíos. La condesa había cedido los sótanos del castillo a los nazis, donde hacinaban a los presos en unas condiciones espantosas. Unos 200 de ellos estaban en tan mal estado a su llegada que no podían trabajar. Esa noche, Margit Thyssen y su marido invitaron a su castillo a unas 40 personas, lo que quedaba de la jerarquía húngara nazi. La fiesta empezó a las nueve.

Pasada la medianoche, el jefe local del partido y funcionario de la Gestapo, Franz Podezin, reunió a 15 de los invitados más importantes en una habitación, entre los que estaba la condesa Thyssen, repartió armas y munición y los condujo a los sótanos donde se encontraban los 200 judíos más enfermos. Los obligaron a desnudarse y a continuación los invitados, casi todos borrachos, practicaron el tiro al blanco con los prisioneros.

Los mataron a todos. Concluida la faena regresaron a la fiesta, donde volvieron a unirse al resto, y siguieron bebiendo y bailando hasta el amanecer. Al día siguiente, Podezin y el administrador del castillo, Joachim Oldenburg ordenaron a varios presos judíos que cavasen las tumbas para enterrar a los muertos. A los enterradores los llevaron a un matadero de reses donde los asesinaron a tiros para no dejar testigos de la matanza.

Diez días después de la fiesta en el castillo, las tropas rusas entraron en Rechnitz y el castillo salió ardiendo en circunstancias poco claras. Unas versiones acusan a los soviéticos y otras sostienen que fueron los nazis para borrar sus huellas.

En 1946 se inició un proceso contra los presuntos culpables, que salieron muy bien librados por la negativa de los testigos a ratificar sus declaraciones. Algo ayudó que los testigos mejor dispuestos a contarlo todo, Karl Muhr y Nikolaus Weiss, muriesen asesinados antes de prestar declaración ante el tribunal. A pesar de todo, la condesa ayudó a huir al jefe local nazi Podezin y al administrador Oldenburg. Hicieron bien en salir por patas porque poco después se reabrió el proceso con ellos dos como máximos acusados y fueron declarados en busca y captura.

El 2 de enero de 1963, el papel de la condesa, que ante la justicia austriaca sólo prestó declaración como testigo, todavía ocupaba a la justicia alemana, porque se confirmó que seguía en contacto con los fugados. Un tribunal de Ludwigsburg publicó lo siguiente:

"Puesto que Podezin mantiene estrechas relaciones con la condesa Margit, la esposa del propietario en su día del castillo, existe la sospecha de que ayudó a huir a Alemania Occidental tanto a Oldenburg, antiguo administrador de la propiedad, como a Podezin".

En la foto tenemos de izquierda a derecha a Heinrich Thyssen padre, Margit, su marido y Heinrich junior, futuro de Tita.

El 13 de mayo de 1963, Oldenburg recibió una carta de Podezin. El ex jefe de la Gestapo en Rechnitz le contaba que estaba huyendo bajo la amenaza de un proceso penal y que intentó escapar a través de El Cairo, pero no lo consiguió. Podezin le pedía dinero a Oldenburg y la condesa Thyssen para poder huir a Suramérica, y amenazaba, si no lo recibía, con recurrir a la prensa "para arrastrarlos por la mierda" y con denunciar "los servicios de delaciones y otras cosas" prestados por la condesa.

Aunque la condesa y el ex-administrador publicaron la carta y negaron siempre haber ayudado al nazi, en noviembre de aquel año se comprobó la presencia en Pretoria (Suráfrica) de Podezin, que llegó allí a través de España. No se sabe de quien obtuvo la ayuda necesaria. Su rastro se perdió para siempre en Argentina.

El fiscal sobreseyó por falta de pruebas la acusación contra Oldenburg el 21 de septiembre de 1965 en medio de un escándalo.

La condesa se refugió en Suiza y se dedicó al cuidado de una famosa cuadra de caballos purasangre llamada "Erlenhof" que le cedió su hermano Heini, el futuro marido de Tita Cervera. La cuadra, situada en la localidad de Bad Homburg, al sur de Alemania, había sido fundada por un industrial judío, Moritz James Oppenheimer, que murió en 1940 tras ser encarcelado por los nazis en 1933. Thyssen padre se aprovechó de la situación y compró el criadero, que heredó Heini, quien a su vez lo cedió a su hermana. Los purasangres ganaron muchos premios y se cotizaban a precios fabulosos.

El 15 de septiembre de 1989, Margit Batthyany-Thyssen murió en Suiza y se llevó a la tumba el secreto de su participación en la orgía de vino y sangre ocurrida en su castillo poco antes del final de la guerra.

Rechnitz se refugió en el silencio más impenetrable sobre lo ocurrido aquella noche en la que asesinaron a esos 200 judíos enfermos e indefensos. En el pueblo se levanta hoy un enorme monumento a los muertos en el granero donde una horda de nazis borrachos los mataron a balazos.

Un director de cine austriaco, Eduard Erne, dedicó más de cuatro años a la realización de un documental sobre Rechnitz y la búsqueda de las tumbas de los judíos asesinados, que todavía hoy no se han encontrado. El documental, titulado "Silencio de muerte", refleja la atmósfera de miedo que persiste en el pueblo al tratar el tema. El dueño de un café decía: "Los judíos tienen su muro de las lamentaciones y nosotros nuestro muro de silencio". Una mujer hacía una curiosa recomendación: "No tenéis que buscar los huesos de los judíos, dedicaos a buscar el oro que se llevaron consigo". Un ex alcalde declaraba: " Dios quiere que no se encuentren las tumbas".

El cineasta declaró a la radio alemana que la condesa estaba del todo implicada en el mal trato a los judíos: "El castillo era enorme, con establos y oficinas. Desde allí se dirigía la construcción de la fortificación. Pusieron a disposición de los nazis los establos para albergar a los esclavos. Cuando avanzó el Ejército Rojo, todos huyeron".

Besos a tod@s

P.S: A las 16:12 P.M. he flipado en colores con el comentario de David R. Lichtfield, que para los que no sepais inglés viene a decir lo siguiente, mas o menos:

Querido ' Miguel de Sevilla '.
Está bien ver esta historia, aunque estoy perplejo porque usted no me ha mencionado a mí o a mi libro (La Historia Secreta de los Thyssen) o el hecho de que publiqué esta historia hace dos años en el Frankfurter Allgemeine Zeitung. Pero usted ha decidido usar mis fotografías sin el título o la referencia a mis derechos de autor. Podría usted añadirlos, por favor. No deseo ser un grano en el culo, pero 14 años de investigación en la creación de mi libro y la publicación de esta historia en un dominio público merece algún respeto. Apreciaría enormemente que usted hiciera algo al respecto inmediatamente. Si necesita más información, por favor avísenos.
http: // www.davidrllitchfield.com

Estimado Sr. Litchfield:

Estoy tan perplejo como usted, aunque en mi caso porque da por supuesto que debo estar enterado de su existencia o de la de su libro o de que conozco el Frankfurter Allgemeine Zeitung, sea lo que sea eso. Bien, si lo que necesita es una palmadita de reconocimiento, la tiene, aunque toda la información la haya extraído de páginas web internacionales públicas, aunque todas las fotos procedan de páginas web internacionales públicas, aunque sea una información que se obtiene poniendo en Google "Tita Cervera Borja", "Rechnitz" o "Margit Batthyany-Thyssen". Además resulta gratificante saber que soy una pieza clave en el entramado internacional de la información clasificada.

David R L Lichtfield, le concedo su primer deseo: le menciono en mi blog.

En cuanto a su segundo deseo, le contaré algo de mí: tengo cuernos. Desearía no ser un cornudo, pero lo soy. Usted no desea ser un grano en el culo, pero...

Era broma, hombre, no se me enfade. Como regalito, le dejo publicitar gratis su página web http: // www.davidrllitchfield.com sin necesidad de que me mencione en ella.

martes, 17 de noviembre de 2009

FLEXIBILIDAD

Hola, amigos:

El post no se refiere a uno de los atributos de Almudena Cid, una de nuestras grandes gimnastas olímpicas. Es un llamamiento a todos aquellos que me han criticado por el post "Me cago en la Iglesia Católica". Recuerdo una vez más que ésta, y cualquiera de las anteriores críticas, son al estamento y sus dirigentes, no al cristiano de a pie, que a mi entender merece todos los respetos.

Otra cosa es que no tenga mi comprensión porque, también repito esto, tiene una fe difícil de seguir. Pienso que es la única religión importante que dice cosas distintas relativas al mismo suceso.

Aquí teneis un curioso listado de contradicciones, algunas muy llamativas, que exigen mucha flexibilidad para ser tomadas en serio:

¿Cuándo llevó David el Arca de la Alianza a Jerusalén?

Samuel 5-6: Antes de derrotar a los filisteos.
Crónicas 13-14: Después de derrotar a los filisteos.

¿Cuál era el nombre de la madre del rey Abías?

Crónicas 13-2: Michaía, hija de Uriel.
Crónicas 11-20: Maacha, hija de Absalom.
Samuel 14-27: Absalom tuvo solamente una hija y su nombre era Thamar.

¿Quién fue el padre de José, el esposo de María?

Mateo 1-16: Jacobo.
Lucas 3-23: Helí.

¿De qué hijo de David desciende Jesús?

Mateo 1-6: Salomón.
Lucas 3-31: Nathán.

¿Heredaría Jesús el trono de David?

Lucas 1-32: Sí.
Mateo 1-11: No.

¿Cómo supo Pedro que Jesús era Cristo?

Mateo 16-17: Por medio de una revelación de los cielos.
Juan 1-41: Se lo dijo su hermano Andrés.

¿Dónde encontró Jesús por primera vez a Simón Pedro y Andrés?

Mateo 4-18: Andando junto al mar de Galilea.
Juan 1-42: En el río Jordán.

¿Reconoció Juan el Bautista a Jesús antes de su bautismo?

Mateo 3-13: Sí.
Juan 1-31: No.

¿Cargó Jesús con su cruz?

Juan 19-17: Sí.
Mateo 27-31: No.

¿Cómo murió Judas?

Mateo 27-5: Se ahorcó después de arrojar las piezas de plata en el Templo.
Hechos 1-18: Cayó de cabeza reventando ruidosamente por la mitad, y todos sus intestinos quedaron desparramados.

¿Quién era el décimo discípulo de Jesús en la lista de los doce?

Mateo 10-1 y Marcos 3-13: Tadeo.
Lucas 6-12: Judas, hijo de Santiago.

Esto lo solucionó la iglesia llamándolo Judas Tadeo, algo así como Manuel Antonio o Kevin José, iniciando la costumbre de los nombres compuestos.

¿Cuándo fue crucificado Jesús?

Marcos 14-12: La mañana después de la comida de Pascua.
Juan 13-1: La mañana antes de la comida de Pascua.

¿Qué pasó con la piedra que tapaba el sepulcro de Jesús cuando las mujeres llegaron?

Marcos 16-4: Se encontraron con que la piedra había sido removida.
Mateo 28-1: Cuando las mujeres se estaban acercando, un ángel descendió del cielo, removió la piedra y conversó con ellas.

¿Quién mató a Goliat?

Samuel 17-4: David.
Samuel 21-19: Elhanán.

¿Quién cargará con la carga de quién?

Gálatas 6-2: “Sobrellevad los unos las cargas de los otros; y cumplid así la ley de Cristo”.
Gálatas 6-5 :“Porque cada cual llevará su carga”.

Ahora, mi contradicción favorita. Llamadme sentimental, si quereis:

¿Quién incitó a David a contar los hombres aptos para la guerra de Israel?

Samuel 24-1: Dios.
Crónicas 21-1: Satanás.

Me encanta... Y aquí teneis una contradicción deliciosamente sórdida, una expresión que parece muy de vuestro agrado:

La madre Teresa de Calcuta dijo acerca del SIDA: "Es un justo castigo para una conducta sexual incorrecta".

La Iglesia Católica no puede estar más de acuerdo con esta frase, y así lo expresa públicamente con frecuencia.

El arzobispado de Madrid, presidido por Rouco Varela, y el de Burgos, con Francisco Gil a la cabeza, han invertido en los últimos años 80.000 euros en acciones de empresas entre las que destaca el laboratorio farmacéutico Pfizer, una multinacional con varios medicamentos estrella entre los que sobresalen dos:

Viagra, la famosísima pastilla contra la impotencia sexual.

Depo-Provera, un anticonceptivo inyectable comercializado en Estados Unidos que se administra en el brazo cada tres meses. Es usado por aproximadamente 30 millones de mujeres para evitar el embarazo.

Dos medicamentos básicos para mantener una conducta sexual incorrecta, pero como da dinero...

Flexibilidad.

Besos a tod@s


viernes, 13 de noviembre de 2009

OTRO VERDUGO

Hola, amigos:

Hace poco hablábamos de una historia acerca de un verdugo y su víctima. De alguna manera pudimos conocer el lado humano de un hombre cuyo oficio era matar, pero que estaba muy alejado de disfrutar con su trabajo. Hoy conoceremos la curiosa historia de un verdugo que encontraba un enorme placer en desempeñar sus funciones.

Mas o menos en 1880, D. Luis Prendergart y Gordon, Gobernador de Cuba, estaba hasta las narices de los bandidos que asolaban cada rincón de la isla, pero también estaba harto de que la Corona le negase los medios militares para acabar con el pillaje, así que decidió parlamentar con los bandoleros.

El acuerdo establecía que cada jefe de banda dispuesto a deponer su actitud recibiría como compensación el indulto, un pasaporte para viajar al exterior y 2.000 pesos de oro. Para sus camaradas se le entregaban otros 5. 000 a repartir. Era una fortuna para la época, y todos se apresuraron a aceptar el trato.

Bueno, todos salvo el bandido más temido: Victoriano Machín.

Aquí el amigo le comunicó al Gobernador que por menos de 50.000 pesos no se iría a ninguna parte, porque esa era la cantidad que, más o menos, le reportaban cada año sus fechorías, así que siguió esquilmando Pinar del Río y el oeste de La Habana acompañado de su hermano.

Hasta Agosto de 1888, cuando un honesto ciudadano de Guanajay llamado Francisco Fajardo los delató y condujo a las autoridades hasta el lugar donde se ocultaban. El 28 del mismo mes los juzgaron en el Castillo de la Fuerza y los sentenciaron a muerte, una pena muy poco usual en la Cuba de aquella época.

El día 3 de septiembre, los guardias de la cárcel iniciaron la rutinaria cuenta de prisioneros y se dieron cuenta de que el calabozo 16 estaba vacío. Machín y su hermano habían limado los barrotes de una claraboya y se habían descolgado hasta los fosos por una cuerda. El escándalo fue mayúsculo, llegando hasta la mismísima Corte en Madrid, porque era evidente que alguien desde dentro los había ayudado con la fuga. El Gobernador fue sustituido por el General Salamanca.

Apenas un mes después, Victoriano Machín se presentó en Guanajay, reunió a todos los vecinos y le asestó veintiséis machetazos al delator Francisco Fajardo, desatando una cacería a nivel general en toda la Isla. Tan a conciencia lo buscaron esta vez que al poco tiempo el asesino y su suegro, el también bandido José Eusebio Moreno, eran detenidos en la ciudad de Cienfuegos, trasladados a La Habana y encerrados en la Cabaña, donde Victoriano debía esperar la llegada de su hora.

Hacía mucho tiempo que Cuba no presenciaba una ejecución. Tanto que el verdugo, que se llamaba José Cruz, ejercía su cargo desde hacía mas de veinte años y nunca había tenido ocasión de trabajar. La llegada de Cruz a la capital, procedente de la vecina Camagüey, fue todo un acontecimiento. Desde el puerto hasta la cárcel fue seguido por miles de personas de todas las clases sociales, entre los que no faltaban los que le solicitaban autógrafos.

Su titulación oficial no era "verdugo", sino "Ministro Ejecutor", y como un ministro lucía aquella mañana. Era alto, rubio, con bigote y tenía muy buena presencia. Perfumado y con el pelo engominado, vestía una elegante chaquetilla de color azul ribeteada en rojo. Su aspecto sereno e impasible contrastaba con el del terrible bandido, que a pesar de tener más de 30 asesinatos a sus espaldas se portó de forma más bien cobarde. Lloró, suplicó, se arrodilló, se arrastró por el suelo… Tuvieron que cargarlo entre dos alguaciles para sentarlo en el garrote y una vez allí, con las manos atadas, trató de morder al verdugo.

Hasta aquí el guión era previsible. Con lo que nadie contaba era con que el Ministro Ejecutor tenía mucha fachada pero poco valor. En cuanto llegó el momento de manipular el garrote se mareó, cerró los ojos y cayó al suelo desmayado, ante la sorpresa de los presentes.

Entonces apareció Valentín Ruiz Rodríguez. Nacido en Matanzas, con 22 años de edad cumplía una condena de 15 por homicidio, y era el encargado de llevar los trastos del verdugo. Sin mediar palabra ni esperar instrucciones se acercó al garrote, dio media vuelta a la palanca y terminó con la vida de Victoriano Machín para pasar a ser, a partir de ese día, el verdugo oficial.

El general Salamanca había prometido que bajo su gobierno aquella máquina infernal no descansaría en Cuba y cumplió su promesa. Valentín recorrió toda la isla con el garrote, que era itinerante. En poblaciones como Jovellanos, Guanajay, Santa Clara, Matanzas, Colón o Remedios finalizó con éxito veinte ejecuciones en menos de un año y medio.

Un día, bastante molesto, se confesó ante un amigo.

Hasta de matar se cansa uno.

Pero ese es tu oficio

¡Es verdad! Me había olvidado que somos como un circo de caballitos que vamos de pueblo en pueblo y sin podernos quejar…

Pero nunca mas volvió a quejarse del trabajo, salvo cuando le pidieron agarrotar a tres condenados el mismo día.

Tres ejecuciones seguidas es un abuso. No volveré a ejercer mi sagrado ministerio si no me pagan el doble y por adelantado.

Le subieron el sueldo inmediatamente. Y para constatar su pericia estableció un récord: solo tardó 14 minutos en despachar a los tres condenados.

Realmente era un profesional, se lucía en su oficio y le gustaba. En ocasiones manejaba la palanca del garrote con una sola mano, lo que ocasionaba sufrimientos enormes al condenado, y a veces, sobre todo cuando había muchas mujeres entre el público, lo hacía con tanta violencia que el corbatín de la máquina desarticulaba de manera espantosa la cabeza del tronco, salpicando de sangre a los presentes.

Una vez debió ejecutar a un tal Pablo Cantero, que para fugarse de la cárcel había matado a un guardia. Apresado de nuevo y condenado a muerte, intentó suicidarse sin éxito para librarse del garrote. Cuando llegó Valentín y se enteró de la noticia lo primero que hizo fue visitar al herido. Para sorpresa de todo el mundo, el sanguinario verdugo permaneció a su lado prodigándole todo tipo de atenciones y cuidados. Tantos que el médico del penal, conmovido, le preguntó si por casualidad eran viejos amigos.

Nada de eso, lo que pasa es que firmé un vale por 30 pesos por levantar el patíbulo y si el hombre se me muere antes me desgracio porque tendré que pagarlos.

La influencia y autoridad de Valentín Ruiz Rodríguez llegaron a ser casi inapelables en el sector. Cuando se propuso estrenar en Cuba un nuevo garrote adquirido por la Audiencia de Matanzas, el verdugo se opuso de plano y se negó con firmeza.

¡Eso de usar máquina nueva no va conmigo! Respondo solo por lo que yo manejo… Hasta ahora ningún cliente se me ha quejado”.

Tenía razón, claro. Y no le fue mal del todo, porque murió de causas naturales a los 60 años siendo Ministro Ejecutor de la Isla de Cuba.

Besos a tod@s