jueves, 24 de septiembre de 2009

EL OSO SOLDADO

Hola, amigos:

hace poco hablaba con un amigo acerca de la segunda guerra mundial y me he acordado de la historia del oso Wojtek, verdaderamente curiosa. Dedicado a mi amigo Pollo, del que espero un día no muy lejano que desentrañe el misterio de mi ADN, porque lo mío no es de ser un humano normal.

En 1944, los aliados que combatían en la batalla de Monte Cassino estaban esperando un envío de munición. Cuando les anunciaron la llegada del convoy no podían creer lo que veían: un enorme oso avanzaba con aplomo y seguridad con una gran caja atada a su espalda. No se trataba de una visión. Los polacos de la 22ª Compañía de Transporte que participaron en esta larga y sangrienta batalla contaron con un oso para trasladar cajas de munición.

El modo en que el animal había llegado hasta allí no podía ser más rocambolesco.

Un montón de soldados polacos habían quedado inmovilizados al principio de la guerra. Con el paso del tiempo se decidió crear dos cuerpos de ejército con ellos y mandarlos al Líbano. Se entrenaron en el Mar Caspio y comenzaron su camino a través de las montañas que separan Irán de Irak.

En un desfiladero entre Hamadan y Kangavar encontraron un muchacho hambriento y cansado que les pidió algo de comida. Mientras se la daban, los soldados advirtieron que el saco que cargaba se movía. Comprobaron que se trataba de un cachorro de oso pardo de unas ocho semanas. Según les contó el chico, lo había encontrado en una cueva después de que unos cazadores hubiesen matado a su madre.

Uno de los polacos se mostró dispuesto a comprarle el cachorro. El niño se negó a desprenderse de él, pero los soldados comenzaron a ofrecerle chocolatinas, latas de carne y caramelos, hasta que un bolígrafo que se convertía en navaja acabó por decidirle a vender el animal.

Para alimentar al oso improvisaron un biberón con una botella de vodka vacía y un pañuelo con un pequeño agujero en el centro que hacía la función de una tetina. Después de comer, nuestro amigo buscó acomodo junto a un soldado llamado Piotr y se quedó dormido. Después de ese día siempre buscaría al mismo soldado para hacer la siesta a su lado.

Decidieron bautizarle con un nombre típicamente polaco, Wojtek (pronunciado voi-tec) y a lo largo de los meses siguientes, nuestro amigo recibió todo tipo de atenciones por parte de sus nuevos compañeros. Wojtek se adaptó rápidamente al ambiente castrense y pronto abandonó los biberones para desarrollar una afición especial por la cerveza, lo que terminó por convertirlo en un soldado mas. Se integró tan bien que en los desfiles caminaba erguido sobre dos patas y en los trayectos en jeep o camión iba sentado como cualquier pasajero, para sorpresa de los que lo veían por primera vez.

A comienzos de 1944, el alto mando decidió mandar las tropas polacas a Italia, donde los Aliados trataban de romper el frente en la región que rodeaba la abadía de Monte Cassino, sin conseguirlo por culpa de la tenaz resistencia alemana. Llegaron por carretera al puerto de Alejandría, y allí les aguardaba una desagradable sorpresa: los británicos no permitían que viajara ningún animal a bordo del buque, insistían en que Wojtek debía quedarse en Egipto.

Los soldados polacos no estaban dispuestos de ningún modo a dejar atrás a su amigo, así que decidieron alistarlo en el Ejército proporcionándole toda la documentación pertinente. El encargado de permitir el embarque examinó con asombro las credenciales del plantígrado, fotos y huella dactilar incluidos. Haciendo gala de la proverbial flema británica, invitó al animal a subir al barco dándole una palmada en el hombro.

Los polacos entraron en combate en el mes de abril. Las posiciones avanzadas en los abruptos peñascos de Monte Cassino debían ser abastecidas de alimentos y munición a través de estrechos y peligrosos caminos, por lo que el acarreo del material debía hacerse con mulas. Cuando empezaron a bajar la cajas de un camión, Wojtek se acercó al vehículo y se puso en pie sobre las dos patas traseras, mientras que con las delanteras intentaba acercarse al material como si quisiera cogerlo.

Los soldados, algo intrigados por el resultado, ataron una caja al lomo del animal y éste comenzó a avanzar con seguridad. A partir de aquel momento, los polacos confiarían en Wojtek para que cargara con las cajas más pesadas, y el oso nunca les defraudó. Un soldado dibujó la imagen de Wojtek trasladando al hombro una gran bomba y ésa pasaría a ser la insignia oficial de la unidad. Sin dar muestras de fatiga y sin asustarse en ningún momento por el ruido de las continuas explosiones, el animal colaboró con su fuerza y resistencia en la batalla de Monte Cassino, que culminaría en mayo con la toma de la abadía y la colocación de la bandera polaca en las ruinas del disputado edificio.

Una vez finalizada la contienda, los soldados fueron trasladados a Gran Bretaña y Wojtek fue con ellos. Llegaron a Glasgow, donde fueron recibidos triunfalmente por la población. Pero la gran atracción era sin duda nuestro amigo, que desfilaba orgulloso al frente de sus compañeros por las calles de la ciudad escocesa. Ese fue el gran momento de gloria del que era ya popularmente conocido como el Oso Soldado.

A partir de aquí la historia de Wojtek se torna agridulce. El Ejército polaco fue desmovilizado en 1947. Durante dos años , los soldados polacos habían esperado inútilmente poder volver a su país y ser recibidos como héroes, pero sus esperanzas se habían visto frustradas al encontrarse Polonia bajo el control férreo de las tropas soviéticas. Solo unos pocos afrontaron el riesgo de regresar a su país natal, la inmensa mayoría prefirió quedarse en Gran Bretaña o emigrar a Estados Unidos, Canadá o incluso Australia.

Ante la inminente despedida, los que habían sido sus compañeros deseaban poner a Wojtek en libertad en algún bosque pero las leyes británicas lo impedían, por lo que se tomó la decisión de enviarlo al zoo de Edimburgo, donde fue recibido como una celebridad. Los artistas acudían allí para reproducir su imagen en cuadros o esculturas. Sus antiguos compañeros, ahora civiles, le visitaban a menudo; una vez allí le llamaban por su nombre y el oso, reconociéndoles, les saludaba levantando una pata. Algunos saltaban la valla y pasaban unos minutos jugando con él, ante la mirada horrorizada de los vigilantes, que veían en Wojtek a un animal salvaje.

Los años fueron pasando y las visitas de sus antiguos amigos se fueron espaciando cada vez más. Wojtek no se adaptó a la vida en cautividad y pasaba cada vez más tiempo en su guarida, alejado de las miradas de los visitantes, que en el exterior de su recinto. Aunque era el animal más admirado por los niños, el Oso Soldado no se acostumbraba a su nuevo y monótono tipo de vida. En los últimos años de su existencia dejó de responder a casi todos los estímulos exteriores. Solo levantaba la cabeza si alguien le lanzaba un saludo en polaco.

Nuestro amigo falleció el 15 de noviembre de 1963 a los 22 años. Las autoridades del zoo erigieron una placa en su memoria, en una ceremonia a la que asistió una nutrida representación de sus antiguos compañeros. Hoy se pueden contemplar estatuas de Wojtek en el Imperial War Museum de Londres o en el Canadian War Museum de Ottawa, en homenaje a este animal que entró con todos los honores en la historia militar.

Besos a tod@s

2 comentarios:

Juancho dijo...

mi primer comentario...pero merecido!
Gran historia...
pd: trabajare en lo de tu ADN...

Anónimo dijo...

Que sí, que vale. Que cuentes la historia de las cabras.